¡Préstame tu protección

Prólogo

Phill

Tenía la frente apoyada contra la fría pared del pasillo, y me daba igual que no hubiese luz allí, ni que Irina se hubiese ido hacía dos minutos, ni que fuese probable que nunca hubiese limpiado allí desde que abrieron el puñetero local por primera vez. De lo único que era consciente, era de que quería darme de cabezazos contra esa pared hasta perder la consciencia, pero tampoco debía hacerlo. Porque la causante de mi frustración, era la misma a la que debía mantener a salvo, y, ante todo, soy un profesional.

Que mis genitales estén locos por que nuestros cuerpos se revuelquen juntos y felices, como dos cerdos en un charco de barro, no quiere decir que mi cabeza lo permita. Porque hay unas reglas básicas que no se pueden romper, y esas son necesidades sexuales y trabajo, eso nunca sale bien. Y no, lo de Antonella no es trabajo, sí, es una puñetera camarera, pero ella nunca será una parte de mi trabajo. Me he ocupado del equipo de seguridad del club, del equipo de la casa y de los hombres que me sirven de apoyo en mis funciones de mantener segura a Irina. Las chicas de la barra no están en mi círculo de trabajo, aunque pueda parecerlo. Antonella es solo una manera de sacar toda la tensión de dentro de mí, porque sé que, de no hacerlo, esto iba a explotar en mi cara. Siempre escuché esa expresión de un clavo saca a otro clavo, pero a mí no me ha funcionado. Antonella es solo sexo sin complicaciones, sin planes de futuro, de familia ni nada de eso, aunque la tipa ha resultado ser la peor de las elecciones que pude escoger. En mi defensa diré, que precisamente su carácter fue lo que me atrajo para escogerla, porque era de ese tipo de personas de las que uno no se enamora, ni tan siquiera se deja atrapar por ellas y lo que ofrecen. Antonella es desechable, y ella lo sabe, por eso todo este lío que ha montado a nuestro alrededor.

Precisamente por querer poner un buen muro entre nosotros, es que me he metido en un lío peor, porque uno no manda sobre sus propios sentimientos, uno no elige de quién se enamora, y yo he caído ahí por Irina.

Levanté la cabeza y me giré hacia la salida por la que había desaparecido ella.

Ahora tengo que arreglar todo esto, porque si he llegado a aguantar este extremo de la vara, bien puedo sostener el otro. Voy a luchar por recuperar lo que he perdido, por ganarme lo que pude haber tenido, y que ahora está tan lejos como las antípodas. Pero voy a luchar por ello, porque he sido un marine, y los marines no se rinden, luchan hasta el final.

Capítulo 1

Irina

Subía en el ascensor junto a Serg, directa hacia el despapo del tío Yuri en su hotel, no es que fuese algo fuera de lo normal que hiciésemos aquel tipo de visitas, pero mi hermano parecía preocupado, algo poco frecuente en él desde que llegamos a este país. Desde que dejamos Rusia, hemos intentado construirnos una nueva vida, pero la sombra de Constantin Jrushchov ha estado volando sobre nuestras cabezas desde entonces. Hasta ahora parecía que Serg estaba a salvo de él, pero cuando se trata de tipos tan poderosos como él, nunca se sabe.

  • ¿Crees que son malas noticias? – le pregunté a mi hermano.
  • No sé, pero no tiene pinta de que sea algo bueno. – no iba a decirle que todo saldría bien, porque esas palabras nunca han funcionado con Serg y conmigo. Los dos aprendimos a esperar lo peor, a no hacernos ilusiones. Primero la muerte de mamá, luego la enfermedad de papá. Encontrar a nuestra familia americana fue lo mejor en mucho tiempo, pero todo se acaba tarde o temprano.

Cuando llegamos a la planta reservada de los Vasiliev, las puertas se abrieron con rapidez. Sentí los ojos de alguien sobre nosotros, y no pude evitar pensar que seguramente era así. Nadie llegaba hasta allí si no tenía la autorización correspondiente, y nosotros no teníamos ninguna de esas tarjetas o llaves especiales de acceso, así que sólo quedaba una opción; vigilaban y controlaban nuestros movimientos.

Lo primero que vimos en el largo y suntuoso pasillo, era que había un hombre parado frente a la enorme puerta de madera del despacho de Yuri. Era Phill. Al vernos, esbozó una pequeña sonrisa, y saludó con la cabeza en nuestra dirección.

  • Os están esperando. – dio un par de golpecitos, y de seguido abrió la puerta. Me cedió el paso y entré. Phill se quedó fuera, y eso me extrañó.
  • ¿Tú no entras? –
  • Mi orden es esperar a que me llamen más tarde. – y cerró la puerta. Había esperado algo más de él, ya que desde que llegué a Las Vegas, se había convertido en algo más que mi chofer, casi pensaba que era un amigo.

Nuestro tío y mis primos estaban esperándonos, y aquello me puso más nerviosa de lo que ya estaba.

  • Si tomáis asiento, empezaremos con todo esto. – obedecí por inercia.
  • ¿Es algo malo? – llámenme impaciente, pero no soy de esas personas que evitan las malas noticias todo lo que pueden, yo prefiero afrontarlas lo antes posible.
  • Jrushchov tiene a un hombre sobre Irina. – Creo que perdí parte del color en mi cara en ese momento. Fue escuchar ese nombre, y sentí como todos mis fluidos salían corriendo a esconderse.
  • No tienes que preocuparte, pequeña. – intervino Yuri.
  • Lo primero que quiero que entendáis, es que todo se está desarrollando como Viktor anticipó. – Viktor asintió con la cabeza, pero no era suficiente para tranquilizarme.
  • Quieres decir, ¿que todo este tiempo habéis sabido que me estaban buscando? – Viktor se levantó de su asiento, y camino mi.
  • Estos tres meses no hemos creído necesario el recordaros a Jrushchov, y sus intenciones, pero todos sabíamos que no iba a quedarse quieto. ¿Tú también lo sabías, verdad? – ¿Saberlo?, si, pero había intentado no pensar en ello.
  • Boby tenía puestos todos nuestros recursos sobre él, esperando el momento en que llegara a nosotros, o, mejor dicho, a ti. Porque si te tiene a ti, tienen a Serguéy, por lo que te convierte en la reina de esta partida de ajedrez. – explicó Yuri.
  • ¿Y ahora que me ha encontrado? – pregunté.
  • Ahora es cuando le damos vuelta a todo. –
  • ¿Y cómo lo hacemos? – preguntó esta vez Serguey.
  • Contábamos que con el truco del apellido, él pensara que habíamos fracasado con nuestro intento de esconderos. – Aquella jugada con nuestros permisos de residencia, para cambiar nuestro apellido real, ¿había sido un truco que tenía que fracasar?
  • Eso quiere decir, que hay un plan a seguir a partir de ahora. – Serguey parecía entender todo esto mejor que yo, o al menos no perdía el tiempo con lo que ya había sucedido.
  • No sé cómo se llama esta jugada en el ajedrez, pero, básicamente, vamos a hacer desaparecer a la reina delante de sus narices. –
  • ¿Y por qué no se ha hecho eso ates?, la desaparición definitiva, quiero decir? – llámenme práctica, pero soy de esas personas que no le gustan los juegos, yo soy de las que va directo al grano.
  • Porque queríamos que llegara a nosotros, que sepa que estamos aquí, y que este es nuestro tablero. –
  • Algo así como que nuestro equipo juega en casa. – añadió Nick.
  • No voy a aburriros con una explicación detallada de nuestro plan estratégico, porque sólo es necesario que os concentréis en vuestra parte. –
  • Y porque tampoco te iban a entender, Viktor, a veces incluso a mí me cuesta seguirte. – Viktor le sonrió a Nick de forma petulante.
  • Que forma tan sutil de llamarme genio. En fin, cómo decía. Ahora es el momento de hacer desaparecer a Irina de forma más concienzuda. –
  • ¿Cómo de concienzuda? – quise saber.
  • No vas a hacer nada ilegal, tranquila. Hay una manera de hacerlo, de forma totalmente legal, rápida y efectiva. Y por si fuese poco, además será segura, muy segura. –
  • ¿Por eso estamos aquí los dos? – dijo Serg.
  • Por eso estáis aquí los tres. – aclaró Yuri.
  • ¿Qué? –
  • Te vamos a casar. – Fue Andrey el que lo dijo, por eso entendí que no era una broma. De todos mis primos, él era de esos que no bromeaba con este tipo de cosas.
  • ¿Casarme, con quién? – ¿Dónde demonios iban a meterme estos locos?
  • Phill – Dijo Serg. Yuri sonrió, y Andrey asintió con la cabeza.
  • A grandes rasgos, tu matrimonio con Phill te dará un nuevo apellido. Uno con el que los hombres de Jrushchov ni pensarán en buscarte. Y segundo, tendréis que viajar. – aclaró Yuri.
  • En Miami tenemos un negocio, un club, al que me gustaría que le dieras una nueva dirección. Sé que conoces el terreno, y que tu perspectiva le daría el enfoque con clase que queremos darle. Ya me entiendes, hacer de algo vulgar, algo elegante y más rentable. – detalló Viktor.
  • ¿Queréis que dirija el club? – eso le daba otra dirección a todo el asunto, y sonaba interesante.
  • Queremos que lo conviertas en algo con clase, y sabemos que puedes hacerlo. Te proporcionaremos todo lo que necesites. El resto, es cosa tuya. – Dirigir un club, ser yo la que por una vez diera las órdenes, no la que las recibiese. Sabía que estaba mordiéndome el labio inferior, era un tic que tenía, y que me asaltaba cada vez que mi cabeza se ponía a trabajar en algo.
  • Y no estarás sola, Phill viajaría contigo, y como tú “esposo” estaría cerca de ti en todo momento. Ya detallaremos más después. –
  • Me he tomado la libertad de preparar la documentación del divorcio, y los certificados para el enlace. De esta manera, no habrá ningún problema a la hora de disolver el matrimonio. – Andrey, era bueno tener un abogado en la familia.
  • Aquí, mi hermano mayor, lo que no os ha dicho, es que se ha sacado un certificado para poder oficiar bodas, así se asegura lo de la confidencialidad y esas cosas. – puntualizó Nick. ¿Se estaba riendo de Andrey?, creo que sí, porque el pobre estaba poniendo sus ojos en blanco.
  • A ver, quedamos en que íbamos a dejar el menor número de pistas posibles, ¿no?, pues eso. Bueno Irina, tú decides. ¿Quieres hacerlo o buscamos otra alternativa? –
  • ¿La hay? – La idea no es que me sedujera realmente, pero si mis primos, los súper genios a la hora de crear estratagemas de este tipo, se inclinaba por esta…
  • Claro, pero no sería legal, o implicaría un confinamiento indefinido en casa de mis padres. Yo creo que mi idea es la mejor, pero claro, no soy yo la que va a pasar por un matrimonio falso, huir a Miami y dirigir un club. Son demasiados cambios, y de mucho peso. –

¿Se creían que me iba a echar atrás como una cobarde pusilánime? He bregado con matones durante años allí en Rusia, y no tenía a nadie para cubrir mis espaldas. Dirigir un club, con Phill protegiéndome, era ir a la batalla dentro de un tanque.

  • Puedo hacerlo. ¿Dónde tengo que firmar? –

 

Capítulo 2

Phill

Hay veces en que uno se pregunta, hasta dónde llegaría por desempeñar su trabajo, y no, no me refiero a un triste operario en una fábrica o una oficina. Trabajar con los Vasiliev va más allá de todo eso. Sé que el mío no es un trabajo convencional, por eso me gusta. Me alisté en la marina porque he sido de esa clase de personas que necesitan emoción en su vida, conocer lugares, personas, en una palabra, movimiento. Y sí, el ejército te da eso, y grandes dosis de disciplina, algo que necesitaba en aquel momento. Pero también te da una buena palada de realidad, y esa es, que los cabrones con poder son los peores cabrones del mundo, y como estés debajo de ellos, tu vida estará jodida.

Con los Vasiliev, descubrí que había otro tipo de cabrones, los que ponían a cada uno en su sitio, los que defendían a los suyos, los que tenían su propia manera de hacer justicia, y mierda si no me gustaba eso. Los Vasiliev están hechos de otra pasta. Para que luego digan de los códigos de honor asiáticos. Los Vasiliev eran duros, muy duros, pero tenían que serlo. Mi padre ya me puso al corriente del terreno en el que se movían, y no es que me gustara entrara ahí, y no entendía aquella fidelidad para con ellos, al fin y al cabo, eran mafia, tenía que haber algo de miedo ahí, pero…ahora sí que estaba entendiendo a esta familia. Ellos seguían un camino más o menos recto, y si apartaban a alguien de él, era de una forma limpia, creo que, porque pensaban, que lo que se gana con malas artes, te lo quitan de igual manera. ¡Ah!, pero pobre del que ponga piedras en ese camino, o intente sacarle de él. Había una premisa que todo el mundo conocía, y era que “no se juega con un Vasiliev”, y había una base sólida para sustentar eso. Les jodes, la pagas, pero a su manera.

Y ahora venía el motivo por el que estaba en el despacho del jefe supremo, con una pluma en la mano, firmando un acta matrimonial. Me habían encomendado una misión importante, muy importante, y yo acababa de aceptar. Tenía que prestar mi protección a Irina Sokolov, una familiar de los Vasiliev, mis jefes, y debía hacerlo de la manera más completa que había pensado. Tenía que mantenerla oculta sin estar oculta, y entendía eso, porque ella no había cometido ningún crimen, no merecía pasar su vida encerrada en una casa, no debían robarle su vida. Y como me habían explicado, existía una manera de hacer eso, y esta era su versión Vasiliev. ¿Protección de testigos?, sí, pero con los recursos Vasiliev.

Paso uno, darle un apellido diferente a Irina, una simple boda, con la salvedad de que los papeles del divorcio ya estaban redactados y firmados, para que no hubiese problemas a la hora de disolver el matrimonio.

Paso dos, llevarla bien lejos, al otro extremo del país.

  • Listo. – le entregué los documentos a Andrey Vasiliev, el abogado de la familia. Era un tipo serio, tirando a frío, y extremadamente puntilloso con los temas legales.
  • Seguro que tienes algunas cosas que deseas llevar contigo, asuntos que dejar arreglados. Pero recuerda que no debes decir a nadie dónde vas, no dejes pistas que otros puedan seguir. Si tienes mascotas, o plantas que regar, entrégale las llaves a Sam y él se encargará de todo. – Viktor Vasiliev me miraba de esa manera que decía que no quería cabos sueltos, que esto no era un juego. Así que asentí para él. No estaría aquí si fuese un blandengue que no aguanta la presión de un jefe como él.
  • Seré discreto. –
  • Ya sabes dónde debes estar a media noche. – Viktor se giró para sentarse de nuevo detrás de su despacho. – ¡Ah!, y despídete como dios manda, vas a estar mucho tiempo lejos de casa. – asentí de nuevo, y salí de la habitación. ¿Dónde se ha visto una boda en la que los novios se ven unos minutos antes de la boda, y después firman los documentos por separado?, en alguna de esas culturas extrañas, seguro. Aunque esto son Las Vegas, reino de las bodas, por absurdas que sean.

Mi padre estaba esperando cuando salí del ascensor, preguntando con su mirada como había ido todo.

  • ¿Dónde vamos? – preguntó.
  • ¿Comida en familia? – golpeó mi espalda como hacíamos los hombres y sonrió para mí.
  • Tienes suerte, Candy va a hacer pizza de kale para cenar. –
  • ¿Kale?, eso no es una verdura. –
  • Lo es sí. Antes la tomaba en licuados, pero Candy me ha descubierto que cuidarse también puede hacerse con cosas ricas. – ese era mi padre, el de” mi cuerpo es mi templo”.
  • Probaré eso. –
  • La llamaré entonces para que haga una grande. Mientras, tienes que preparar una maleta. – asentí hacia él, y caminamos juntos hacia su coche.

Desde que era niño, mi padre fue ese apoyo que siempre estaba ahí, dándome ánimo en silencio. Una suerte que mi madre no consiguiera envenenar mi cabeza con el odio que sentía hacia él. Si, mis padres se divorciaron cuando yo era un niño, y no fue por alguna infidelidad, sino porque mi madre no comprendía el trabajo de mi padre, y él tampoco quería contar mucho sobre él, es lo malo de hacer cosas poco legales para gente como los Vasiliev, que no puedes ir contándolas por ahí. “Hola cariño, hoy me he colado en la casa de un tipo, he revuelto la he puesto patas arriba. ¿Qué tenemos para cenar?”. No, eso no podía hacerse, sobre todo con mi madre, que le gustaba contar la vida y milagros de todos a todo el mundo. Mi padre cumplió con su trabajo, y perdió una mujer al mismo tiempo. Mi madre… le odió por elegir su trabajo por encima de ella, y puedo entenderla. Lo que no acepto es que después quisiera manipular a su hijo, para que odiase a su padre en venganza. Y casi caigo ahí, hasta que la mandé a la mierda a los 18, cuando me alisté en el ejército. Mi padre me apoyó en cada decisión que tomé, él nunca criticó a mi madre, ni intentó volverme contra ella. Desde que se separó de mi madre, sé que tuvo relaciones, nada serio, seguramente porque pensaba que no quería pasar de nuevo por lo mismo, o no merecía la pena hacerlo, hasta Candy. Ella le ha devuelto las ganas de volver a tener una vida completa.

Así que hice mi maleta, le di las llaves de casa a mi padre, y me despedí de ellos. No había nadie más a quién decir adiós realmente.

A la hora convenida, mi padre aparcó el coche junto a un hangar en un aeródromo privado. Lo conocía de antes. El mismo avión con el que comencé mi vuelo a Rusia, el mismo viaje en el que conocía a Irina y su familia.

La vi abrazada a su hermano, despidiéndose, y no tuve corazón para interrumpir. Así que llevé mi maleta a la zona de equipajes, y esperé a que ella subiera. Antes de poner un pie en la escalinata, la mano de su hermano aferró mi brazo.

  • Vas a cuidar de ella, y no vas a permitir que nada ni nadie le haga daño. Y como seas tú el que la lastime, iré allí, y te arrancaré las pelotas, antes de hacer que te las comas. –
  • Puedes estar tranquilo, sé cómo hacer mi trabajo. – Serg asintió.
  • Más te vale. –

Subí las escaleras y me acomodé en el asiento frente a Irina.

  • Sólo está haciendo de hermano. No se lo tengas en cuenta. –
  • Yo haría lo mismo. – ella puso los ojos en blanco.
  • Hombres.- sonreí y até mi cinturón, porque los motores se encendieron en aquel momento. Miami, allá vamos.

Capítulo 3

Phill

De no ¿.haber conocido el plan, el aterrizar en Chicago me habría desconcertado, y eso era lo que Viktor Vasiliev buscaba al hacer aquello. Al mirar por la ventanilla del avión, vi las luces del pequeño aeródromo iluminando la pista, y en el extremo, un vehículo con las luces encendidas. Podía ser noche cerrada, y la iluminación escasa, pero no necesitaba verle la cara al tipo que estaba parado de pie delante del SUV, para saber que era de esos tipos que no tenía miedo de la oscuridad y los animales que merodean en ella, y eso probablemente era, porque él era el mayor depredador de todos. Soy un tipo que se ha enfrentado al peligro muchas veces, y, aun así, haría lo que fuera por evitar cabrear a ese tipo, porque sabía quién era; Alex Bowman. Si en Las Vegas no se jugaba con los Vasiliev, en Chicago no se juega con Alex Bowman.

  • Nos están esperando. – volví el rostro hacia Irina, que contemplaba fascinada al hombre parado al otro lado del cristal. La luz iluminaba ahora su rostro, y sí, tenía que reconocer que el tipo no era feo, aunque no soy el más indicado para opinar sobre hombres, a mí me han gustado siempre las mujeres.
  • Tal como dijo el señor Vasiliev. – Irina puso los ojos en blanco, seguramente porque para ella sus primos tenían un nombre de pila por el que los nombraba. Yo era un simple empleado, para mí era el tipo que daba las órdenes.

Caminé tras ella, y descendimos por las escaleras del avión, y luego el tramo de cemento hasta el tipo. Él sonrió a Irina de una manera que no me gustó nada. Si, tenía que reconocer que la chica era una tentación para la vista, pero estaba bajo mi cuidado. Y el tipo podía ser el maldito león de esta selva, pero yo había jurado protegerla, dos veces, al jefe, y al hermano de la chica, así que ya podía olvidarse de hacer cosas sucias con ella.

El tipo se acercó a ella, y le tendió la mano. Fue más una caricia que un saludo, así que me vi obligado a interrumpir antes de que la cosa fuese a más.

  • ¿Alex Bowman? – el tipo se giró hacia mi bastante contrariado, pero soltó la mano de Irina para estrechar la mía, y estrujarla como si fuese una esponja. “No me intimidas, capullo”.
  • Supongo que tú seas Hendrick. – le devolví el apretón, y luego solté su mano.
  • Lo soy. – El tipo me sonrió divertido, se giró hacia Irina y le tendió el brazo para que ella lo tomara.
  • Será mejor que sigamos esta charla en el coche. Tengo asuntos que tratar, y este servicio de taxi está apretando mis horarios. – le abrió la puerta de atrás a Irina, y la ayudó a deslizarse en el asiento. Iba a decir algo sobre nuestro equipaje, pero un tipo ya se estaba encargando de meterlo en la parte trasera del vehículo.

Iba a entrar en el coche, cuando la ceja de ese Bowman se levantó hacia mí. Su hombre se sentó en el asiento del conductor, y con Bowman e Irina sentados en los asientos traseros, sólo quedaba libre el asiento delantero del acompañante. Sí, Irina llevaba mi apellido, pero eso no era más que un cambio de nombre, si hubiese sido mi esposa en realidad, ya le podían dar mierda a ese tipo. Me habría metido en el asiento trasero con ellos, aunque quedáramos como un emparedado de jamón y queso. Pero sabía cuál era mi puesto ahí, sólo un guardaespaldas, y el tipo también lo sabía, sino, no habría hecho esa jugada. Así que abrí la puerta delantera, y ocupé mi lugar. El coche empezó a moverse fuera del aeródromo.

  • ¿A dónde vamos? – Podía ver a Bowman a través del espejo retrovisor, le sonreía a Irina mientras cogía su mano seductoramente.
  • Viktor me dijo que necesitábamos cubrir vuestras huellas, así que nos dirigimos a otro aeródromo, donde otro avión os está esperando, para la segunda parte del viaje. – muy astuto pensé, pero seguro que la idea no era suya, aunque así lo hubiese insinuado. He aprendido a conocer la forma de trabajar de Viktor Vasiliev, y es de esos que no deja nada al azar.
  • Muy inteligente. – el tipo le sonrió, y besó su mano. Tenía los dientes apretados, para no soltar algo inapropiado, porque sabía que no debía hacerlo, cuando el teléfono del tipo sonó. Lo sacó de su bolsillo, y lo llevó a su oído.
  • ¿La has localizado, Jonas?..Dame la dirección… Connor, mete Colson Dinner en el navegador. – el tipo que conducía introdujo los datos casi sin apartar la mirada de la carretera. La ruta apareció en cuestión de segundos. – ¿Está dentro ahora?.. ¿a qué hora abren?.. – el tipo giró su muñeca para ver la hora en su reloj. – No, creo que nos dará tiempo. Tu espera a que lleguemos, quiero encargarme personalmente de este asunto. – El tal Connor sonrió malévolamente, como si supiese que esa frase, traía algo interesantemente divertido detrás. – Disculpa la interrupción. –
  • Siento haberte apartado de tu trabajo. – se disculpó Irina.
  • Tranquila, no es trabajo. Digamos que es un asunto….familiar. – y los dos tipos sonrieron como tiburones. No quería ni imaginar qué tenían previsto hacer cuando nos dejaran.
  • Ya hemos llegado, jefe. – Alcé la vista para ver que atravesábamos una verja metálica alta, que delimitaba una larga pista de cemento. 200 metros, y estábamos a los pies de otro avión, bastante más pequeño que en el que llegamos. Tenía un distintivo pintado en uno de los laterales, que no me sonaba nada, una empresa local supuse.
  • Bien, preciosa, tu carroza te está esperando. –

Bajamos del coche, y mientras Bowman acompañaba a Irina hasta las escalerillas del avión, Connor me dio una de las maletas, mientras él acarreaba la otra. ¿Protestar o sentirme indignado?, para nada, ese era mi lugar, el tipo sólo me lo estaba dejando claro. Ellos eran los jefes, nosotros los empleados.

El piloto se aseguró de que la compuerta del equipaje estaba bien cerrada, y después Bowman tuvo unas palabras con él. Irina y yo aprovechamos para entrar y acomodarnos en nuestros asientos. El avión no estaba mal, pero después de viajar en el de los Vasiliev… bueno, uno veía la diferencia de ligas en las que jugaban. Antes de que la puerta se cerrara, puede escuchar decir a Bowman a su hombre algo así como “vamos por mi prima”. Luego los motores empezaron a rugir, y en cuestión de minutos, estábamos rodando por la pista, esta vez sí, destino Miami.

Tres horas de vuelo, y el sol radiante de Miami nos saludó con fuerza. Conociendo a Viktor, nos tendría preparado un medio de transporte para cuando llegáramos al aeródromo. Tenía la dirección y las llaves de nuestro destino en el bolsillo de mi chaqueta, así que sólo deseaba que hubiese una cama limpia en la que tirarme encima cuando llegara. Por mucho que se intente dormir en un avión, el cuerpo de uno pide a gritos un buen colchón.

Puede que la luz del sol devolviese algo de lucidez a mi cansada mente, porque una idea asaltó mi cabeza en aquel instante, ¿cómo narices consigue una persona de Las Vegas, las llaves de una vivienda en Miami? Normalmente hay que pasar a recogerlas en la propia ciudad. Saqué el papel con la dirección, y noté una secuencia numérica al final de la hoja ¿una código de seguridad?, ¿tenían una alarma? Llaves, alarma, Viktor se tomaba muy en serio la seguridad de su prima. ¿Por qué coño lo dudaba?, había conseguido un jodido guardaespaldas 24/7 para ella.

Capítulo 4

Phill

Vaya con la casa que nos había encontrado el jefe. Era una maldita mansión, o casi, ¿qué tendría, 400 m2?, y con una parcela independiente de…una burrada de terreno. Y todo bien protegido por un cercado bien alto y electrificado, con puerta de acceso con código de identificación para entrar, de ahí los números en la parte inferior de la nota de Viktor.

Cuando llegamos a la parte de dentro, noté que todo estaba desierto. Si, una propiedad muy grande, y con una buena barrera física y tecnológica para protegerla, pero como todo castillo, necesitaba soldados. Tendría que hablar con el jefe respecto a eso.

Metimos nuestras cosas dentro, y dejé a Irina en la entrada mientras revisaba toda la casa. Cuando regresé, ella no estaba, y su maleta tampoco. No se había ido, porque supongo que habría avisado, ¿secuestrado?, no se llevarían la maleta. Conclusión, se había ido a su habitación. Así que cogí la mía y caminé hasta la zona de habitaciones, y como pensaba, ella estaba en una de ellas, tirada sobre la cama panza abajo, con los zapatos tirados en el suelo, y la ropa puesta. Solté el aire, y la maleta, y entré en la habitación.

  • No vuelvas a hacerlo. – ella giró la cabeza hacia mí, sin mover ningún músculo más del necesario.
  • Tengo sueño. – Genial, ya sabía quién tomaba las decisiones, y no era su cerebro.
  • Tenías que haber esperado a que revisara la casa, eran solo unos minutos Irina. –
  • ¡Ahg!, ya, Phill. Se supone que nadie sabe dónde estamos, acabamos de llegar, la propiedad ha estado cerrada y no había señales de allanamiento, ya sabes, la alarma puesta y todo eso. –
  • Existen unos protocolos de seguridad, Irina. Hoy ha salido bien, pero no quiere decir que siempre sea así. Asúmelo, estás en riesgo, y yo estoy aquí para mermarlo. Hemos venido hasta aquí para minimizarlo, no para hacerlo desaparecer, eso no ocurrirá hasta que lo confirme el señor Vasiliev. Mientras tanto, tenemos que seguir un procedimiento. –
  • Phill, estoy cansada, me duele la cabeza por la falta de sueño. ¿Te importaría que tuviésemos esta charla dentro de unas horas? Prometo escuchar todo lo que tengas que decirme, pero déjame volver a ser persona antes. – señor, iba a ser difícil con esta mujer, pero yo también era testarudo.
  • Prométeme que no saldrás de la casa, que no harás ninguna llamada telefónica, y que si despiertas antes que yo, irás a buscarme. –
  • Sí, sí, te lo prometo. –
  • Estaré en la habitación de enfrente. –
  • Ummmff- ella metió la cara contra el colchón, y yo me fui a mi cuarto. Cerré la puerta antes de salir, y cargué con la maleta.

Lo primero que hice, fue sacar mi equipo de la maleta. Gracias aeropuertos privados por no tener control de seguridad. Escondí mis armas en varios sitios de mi habitación, y dejé algunas otras en la maleta, para repartirlas después por algunos lugares de la casa. ¿Paranoico?, yo diría precavido. He visto demasiadas películas de acción, donde se cargan a mucha gente que no está preparada para defenderse. Un arma a mano, puede salvarte la vida, pero no tan a mano para ser descubierta. No soy de esos que duerme con una pistola debajo de la almohada, pero hasta que todo esto acabara, si estaría debajo del colchón. Otra en el baño de la habitación, otra en el armario…y no todas tienen que ser pistolas. Soy marine, o lo era, ¡no!, una vez marine, siempre marine. El caso, es que nos enseñaron a defendernos cuerpo a cuerpo. Dame un cuchillo, y haré una carnicería antes de que me derriben. Te preguntarás, ¿marine?, sí, pero no de los que friegan la cubierta del barco, ya me entienden.

Saqué mis deportivas (calzado deportivo), y las dejé bien a mano, es decir, junto a la cama, estratégicamente colocadas para abrir los ojos, sentarme en la cama y meter los pies dentro. Rapidez, de eso se trata, si tengo que salir corriendo, lo haré calzado, dos segundos pueden ser cruciales, pero ir descalzo en una situación de peligro… cuestión de prioridades. Uno aprende eso con la práctica.

Me quité la ropa y la coloqué en la silla, que había colocado cerca de la puerta. Sí, también cuestión de estrategia, podía coger lo que necesitaba de camino a la salida, y si alguien entraba en la habitación para sorprenderme mientras dormía, sería un obstáculo que tendría que librar, más posibilidades de hacer ruido, más posibilidades de que yo lo descubriera. Abría las sábanas y me recosté en el colchón, me acerqué a la orilla, y me coloqué boca abajo, para que mi brazo, nada más colgara por el costado, accediera al arma que tenía escondida bajo el colchón. Ahora sí es cuando me pueden llamar cabrón meticuloso, calculador y recalcitrante.

Cerré los ojos, y escuché los sonidos que llegaban de todas partes, estudiándolos. A partir de ese día, iban a convertirse en la banda sonora de mi vida. Una nota discordante, significaba que algo había cambiado, y eso seguramente sería malo.

En fin, me centré en el silencio, y dejé que el cansancio me llevara, porque en una cosa tenía razón Irina, si no había sorpresas al llegar a casa, estas tardarían en aparecer, así que aprovecharía ese tiempo para descansar.

Irina

Lo malo de dormir con la ropa puesta, es que las costuras impiden que te muevas con libertad, y yo soy de esas personas que se mueve cuando duerme. Serg dice que hago esa postura que llaman del alpinista, sí, ya saben, esa en la que estas “trepando” por el colchón, como si fuera una pared de roca. Quizás por eso, por sentirme incómoda durante la “escalada” me desperté con sueño.

Levanté la cara de la colcha, donde había dejado un buen charco de baba, no en serio, no babeo, pero sí que algo de “fluidos bucales” había caído en la suave tela. Me puse en pie lentamente, y me desperecé un poquito, lo justo para saber lo que estaba haciendo, pero no llegar a despejarme del todo, porque tenía intención de seguir durmiendo. Me quité los pantalones, la camiseta, y la ropa in…no, eso podía esperar, antes tenía que comprobar que todo estaba como debería. Quizás fuese por las horas de sueño, pero mis neuronas empezaron a funcionar. Esta era una casa nueva, y, aunque tendría más tiempo para explorar a conciencia el lugar, si necesitaba saber las cosas básicas, como el lugar donde dormía mi perro guardián. Nunca lo habría llamado así, pero es que el tipo ya me había ladrado, así que el apodo le pegaba.

Caminé hacia la puerta, y la abrí con sigilo, porque si estaba durmiendo, no quería despertar a la bestia. Tuve que salir al pasillo para tener una buena panorámica de su habitación, y ahí lo encontré, dormido sobre la cama, casi desnudo. No voy a mentir, la vista era realmente buena. Brazos tonificados, espalda esbelta y trasero redondito. Ummm, a mi perro guardián le quedaban bien ese bóxer de licra todo ceñiditos a… su cuerpo se movió ligeramente, como reacomodándose y yo salí de allí como un conejo asustado. Entré en mi habitación, y cerré la puerta hasta sólo dejar una pequeña ranurita. Reculé unos pasos y esperé. No, no parecía que me hubiese visto. Solté el aire que estaba conteniendo y me volví hacia la cama. Me quité el sostén, para que los incómodos aros no se clavasen en mi carne, y me metí debajo de las sábanas. Un par de horitas más, solo necesitaba dormir un par de horitas más. Como si fuese tan fácil con el corazón latiéndome a mil.

Phill

¡Mierda!, entreabro los ojos para investigas sobre el ruido que he escuchado, y lo que veo es una maldita tentación de piel blanca en ropa interior. ¡Joder!, ¿y tenía la cabeza ladeada mientras se estaba mordiendo el labio interior? Una maldita llamada a la perdición, que mi pene escuchó alto y claro, el cabrón estaba preparándose para saltar sobre esa delicia, haciéndome sentir realmente “incómodo” ahí abajo. Intenté recolocar al impertinente, fingiendo que aún seguía dormido. Y ¡bingo!, la curiosa salió corriendo de allí, no sin antes dejarme grabada en la retina una buena imagen de su trasero. ¡Mierda!, ¿ahora a ver quién era capaz de dormir? Tu cierra los ojos Phill, tu cierra los ojos. Y tú, cabrón independiente, jódete, ese premio nunca te va a tocar.

Capítulo 5

Phill

Pedirle recursos a un jefe como Viktor Vasiliev, podía acojonar a cualquiera, bueno, simplemente hablar con él ya acojonaba. Te miraba de una forma que parecía estar mirando dentro de ti, no sé, como si él ver algo que el resto no podía. Algo que te gustaría mantener bien escondido.

El caso, es que yo contaba con una carta a mi favor, y eso era que se trataba de la seguridad de un familiar, y por lo que había visto y oído de él, por su familia haría cualquier cosa. Así que escatimar en recursos no sería algo que haría con Irina.

Tenía el teléfono directo de él y de Boby, el genio de la central de seguridad, pero siguiendo las órdenes del jefe, trataría con él directamente, el otro teléfono, solo lo utilizaría si no conseguía localizar a Viktor y fuese un asunto realmente urgente. Aunque ya me dejó bien claro desde un principio que contaba con que yo fuese lo suficientemente “imaginativo” para resolver la mayoría de las contrariedades con las que me encontrase. Realmente no me había ganado esa parcela de independencia que me estaban dando, así que suponía que se basaba en evitar contactos que podrían ser rastreados en nuestra contra. Evitar riesgos.

  • ¿Cuántos hombres necesitarás? –
  • Tendré que hacer un estudio más detallado de la seguridad del lugar. Pero por lo que he visto hasta el momento, con tres hombres cubriendo los turnos, y dos para cubrir las rotaciones, estaría cubierto. –
  • Bien, le diré a Boby que busque perfiles para esos puestos en la zona. También tendrás que encargarte de la seguridad del club. –
  • Sí, señor. –
  • Esa es parte de tu trabajo, y la justificación para estar cerca del lugar de trabajo de Irina. –
  • ¿Seguimos con la tapadera del matrimonio, o fingimos ser otro tipo de familia? – esperé unos segundos a que el jefe contestara. Daba la impresión que le había sorprendido, tal vez es que no encontraba una respuesta buena que darme.
  • No sé cuánto tiempo me llevará solucionar esto, Phill. Pueden pasar meses y no conseguir ningún resultado. No puedo obligarte a mantener un celibato, que, en tu situación, ni yo mismo hubiese cumplido. Y la discreción…es difícil centrarse en dos cosas a la vez, y prefiero que lo hagas en la seguridad de Irina. –
  • Entonces hablaré con ella, y encontraremos una situación. –
  • Me parece lo más acertado. Con respecto a lo del personal y todos los arreglos y cambios que haya que acometer en el club, he habilitado una cuenta con bastante liquidad para afrontar cualquiera de ellos. Si fuese insuficiente, que se ponga Irina en contacto conmigo. El equipo de seguridad se incluirá dentro del equipo del club, tampoco tendrás que preocuparte por sus nóminas. Toda la contabilidad la gestionaremos desde aquí, al igual que todos los temas fiscales. –
  • De acuerdo. –
  • Antes de empezar con todo el proyecto, tendrás unos días para conformar un equipo de seguridad adecuado. Cuando os presentéis en el club como la nueva dirección, quiero que todo esté listo. Quiero que se acostumbren a ver un hombre siempre de tras de Irina, eso hará que no lo encuentren raro, y dará una imagen de empresa fuerte. –
  • Sí, señor. –
  • Bien, en el despacho principal de la casa, hay conexiones para una laptop, que os llegará mañana por mensajería. Tenéis conexión a internet y algunas cosas más que te especificará Boby en un correo electrónico. La clave de acceso es Madagascar. Cámbiala en la primera sesión. –
  • Sí, señor. –
  • Mantenme al tanto de los cambios por correo electrónico. Un informe cada miércoles. –
  • Sí, señor. –
  • Cuida de ella. –
  • Lo haré, señor. –

Cerró la comunicación, y yo miré el teléfono un par de segundos. ¿Madagascar?, ¿cómo la película de animación de los pingüinos esos que parecían un equipo de las fuerzas especiales? Sí, esa en la que llegaron con los otros animales del zoo a esa isla. No podía ser, ¿verdad? ¡Ja!, Madagascar. Tenía recochineo. Boby sería Kowalsky, el genio, Viktor sería el capitán, si Irina era la inocente Private, no yo podía ser otro que el loco y suicida Rico. Curioso.

Escuché pasos a mi espalda, y me giré para esperar a ver aparecer a Irina en la cocina donde estaba. Llevaba ropa diferente a la de esa mañana, y estaba despejada por la ducha que se había dado.  Y eso último lo sabía porque nada más oír correr el agua, aproveché para hacer esa llamada a Viktor.

  • Buenos días. – levanté la taza que había dejado sobre la mesa de desayuno.
  • ¿Un chocolate? –
  • ¿Chocolate? –
  • Es la 1 de la tarde, me pareció más apropiado de que café. – ella se acercó a la mesa y se sentó en el taburete sin dejar de mirarme.
  • Dejaron la despensa bien surtida. – Llevé mi taza al fregadero y la enjuagué antes de meterla en el lavavajillas.
  • No te creas. Sólo encontré unas cápsulas de café y otras de chocolate. Nada más. –
  • Entonces tendremos que salir a comprar suministros. –
  • Apunta leche, esto está asqueroso con agua. –
  • Vale, leche. Y ¿Qué tal si salimos a comer fuera?, mis tripas se mueren por algo rico. Y ha quedado claro que el chocolate no me sirve. –
  • Deja que me vista y nos vamos, ¿de acuerdo? –
  • Bien, pero no tardes. Cada segundo que pasa, ese chocolate me va pareciendo más apetecible. – asentí con la cabeza y caminé deprisa hacia mi habitación. Ajusté el arma en mi tobillo, cogí la documentación que me permitía llevarla en el estado de Florida, mi cartera y regresé con mi hambrienta mu…Irina. Teníamos que aclarar eso de una vez.

Irina

Phill conducía el coche de alquiler, siguiendo las instrucciones del navegador, cuando, sin apartar los ojos de la carretera, empezó a hablar.

  • He estado hablando con Viktor Vasiliev. –
  • Mi primo. – Interrumpí. El soltó el aire resignado.
  • Sí, tu primo. Llegamos a la conclusión de que debemos aclarar nuestra relación antes de presentarnos en el club. –
  • ¿Relación? –
  • Sí, ya sabes. Llevas mi apellido porque nos casamos, pero eso no fue más que una maniobra para cambiar tu nombre. –
  • Lo sé. –
  • El caso es, que necesitamos presentarnos en el club como algo que después mantengamos sin esfuerzo, porque las mentiras acaban cayendo por su propio peso con el tiempo, y no sabemos cuánto estaremos en esta situación, aunque no parece que sea pronto. –
  • No, no lo parece. – concordé con él.
  • Entonces, tenemos que encontrar un tipo de relación, que me permita estar cerca de ti constantemente, y que no resulte extraño que vivamos y trabajemos juntos. –
  • No nos parecemos mucho para ser hermanos. – nos comparé en un vistazo rápido, y definitivamente, yo era toda una chica nórdica, y él era de unos cuantos países más al sur. Como si fuéramos de extremos opuestos de Europa, yo del noroeste, y él de suroeste.
  • No sé si será buena o mala idea, pero había pensado, en sencillamente que tú mantengas el apellido Hendrick, y a mí simplemente me llames Phillip, o Phill. Si eres la directora del club, no creo que nadie se atreva a preguntarte por la relación que tenemos. –
  • Pero puede preguntártelo a ti. –
  • Cuando es ocurra, diré poco y ambiguo. Qué ellos se hagan sus propias especulaciones, no podemos evitarlo. Pero mientras no haya una confirmación oficial, habrá muchas teorías que los mantendrán ocupados. –
  • Suena retorcido. –
  • Puede, pero es lo mejor que se me ha ocurrido. –
  • A mí me sirve. –
  • Entonces tenemos una estrategia. ¿Qué te apetece comer? –

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