¡Préstame tu boca!

Prólogo

Connor Walsh

Una maldita noche lo cambió todo.

Hasta ese momento tenía claro que yo no quería meterme en problemas, porque deseaba tener una vida normal, fuera de los turbios asuntos de la mafia irlandesa. Mi madre daba gracias a Dios porque yo, el pequeño de sus 2 hijos, tuviese la determinación de no entrar en aquella vida. Bueno, más bien de haberla rozado, pero no pensaba dejarme atrapar.

Mi padre y mi hermano trabajaban para McGrath con los sindicatos del puerto, y no es que fuesen importantes, pero eran leales, y eso provocó su muerte.

Dicen que la historia es un bucle infinito que se repite, y sólo los que la conocen son capaces de salir de él. Pues la mafia irlandesa de Chicago tenía que haber estudiado un poco más. ¿Han oído hablar de la noche de los cuchillos largos?, si no lo han hecho les haré un pequeño resumen. ¿Saben quién fue Adolf Hitler?, si, ese seguro que sí. Pues bien, esa famosa noche comenzó una operación de asesinatos en masa, con la que se quitó de en medio a sus enemigos, detractores y a aquellos que podían significar un obstáculo en su ascenso al poder total. Alguien hizo lo mismo aquí en Chicago, y su nombre era Ryan O´Neill.

Cuando ese demonio comenzó lo que aquí conocemos como “La purga”, nadie tuvo los recursos, el carisma ni las pelotas para plantarle cara, hasta que llegó el que hoy llamo jefe, pero que es más que un amigo; mi hermano. Alex Bowman reagrupó a los supervivientes y lanzó el contraataque más feroz que se recuerda en décadas, casi diría que en siglos. Y venció, aunque aquella no fue más que una guerra, y ganarla, le metió de lleno en otra. Pero no se rindió, peleó como aquel que lo había perdido todo, porque a él le arrebataron precisamente eso; todo.

Yo estuve allí, luchando a su lado, vengando la muerte de mis familiares, de los suyos, como buen irlandés que honra su sangre. Ganamos aquella guerra, y todas las que nos pusieron por delante, pero pagamos un alto precio. Dicen, que cuando matas a una persona pierdes un trozo de tu alma. Alex y yo casi la perdimos entera, él más que yo, pero tampoco le andaba lejos.

Durante 10 años Alex ha ocupado el puesto de jefe de la mafia irlandesa de Chicago. Conseguir ese puesto fue difícil, mantenerlo tampoco era sencillo, pero él se había endurecido lo suficiente para poder con ello. Y yo… a mi empezaron a llamarme la mano derecha del diablo, y era lo que era.

Pero el perdón nos llega a todos o eso espero, porque Alex encontró a una mujer que le hizo recuperar la fe en la vida, y por una vez desde ese maldito día, he empezado a creer que algunos pueden alcanzar un trozo de cielo, aunque sea por poco tiempo.

Alex aferró su paraíso y no permitiría que se alejara de él, lo protegería como el demonio que es. Y yo estaría cerca para ayudarle. Y quién sabe, quizás un poco de aquella luz llegara a tocarme.

 

Capítulo 1

Connor

No sé cómo empiezan el resto de historias, pero sí tendría que decir en qué momento comenzaría la mía sería el día que conocí a Alex Bowman. Él se convirtió en la familia que me habían robado, se convirtió en mi hermano, se convirtió en casi un padre, y eso es irónico, porque yo soy un año mayor que él. Ahora estoy a punto de cumplir los 33, y según me digo a mi mismo, estoy en la flor de la vida, aunque no me engaño, no es mi mejor momento. Sí, estoy hecho una bestia, fuerte como un oso, ágil y rápido como un tigre, cobro un buen sueldo por hacer un trabajo que me gusta, y tengo todas las chicas que quiero para darme una “alegría al cuerpo”, pero realmente no tengo nada, salvo a Alex. Y no, no soy gay, he dejado claro que me gusta el sexo con mujeres, a veces incluso con dos al mismo tiempo, pero eso no te calienta por dentro cuando te vas a la cama.

Me había acostumbrado a esta vida. Levantarme, entrenar con los chicos, hacer nuestro trabajo, ver algo de TV y regresar a la cama. Me daba algún que otro capricho, pero eso era todo. Creo que ninguno de nosotros tres, porque incluyo a Jonas, el otro llamémoslo guardaespaldas de Alex, eso, que ninguno de los tres había echado en falta nada más, hasta que llegó ella. Y no, no me refiero a mi chica, sino a la del jefe. Ella…ella volvió a dar un giro nuestras vidas, y sí, nos incluyo a los tres, porque si bien a Alex le rescató de su propio infierno de sufrimiento, a Jonas y a mí nos hizo anhelar tener lo mismo. Palmyra Benett nos hizo volver a sonreír. Ella es increíble y lo siento por el resto de mujeres de este mundo, pero les puso el listón muy alto.

Aun así, cuando la vi un día en ropa interior en la casa, tomé la decisión de irme de allí, porque no es sano que me excite la mujer del jefe. ¡Mierda!, tenía que salir a darme un “homenaje” porque ir por ahí con una erección me podría traer problemas.

  • ¿Listo? – que Alex me sorprendiera pensando en sex no era nuevo, pero que yo estuviese tan distraído sí. Normalmente soy un hombre centrado.

Estábamos en el gimnasio de la casa de Alex, preparados para nuestra sesión diaria de entrenamiento. No es que pudiésemos ir regularmente a un gimnasio en la ciudad, cuestión de horarios, privacidad y sobre todo costumbres. En el mundo en el que nos movemos, al enemigo no hay que ponérselo fácil, y tener costumbres te hace ser predecible, un punto débil que no conviene tener. Por eso teníamos nuestra sesión de entrenamiento en el sótano de la casa, para que fuese algo privado, y porque necesitábamos estar en forma. Cualquiera de nosotros tres podía meterse en una refriega con las manos desnudas, y salir victorioso. Y no era vanidad, sino realidad, porque ya había ocurrido y en más de una ocasión.

  • Si.-

Alex y yo calentamos con una buena carrera y algunos estiramientos y rutinas, antes de meternos con el saco. Podía notar su tensión en cada golpe que lanzaba, y entendía por qué estaba así. Hoy era el gran día. Alex no era un tipo que se pusiera nervioso, ninguno de nosotros lo éramos, por eso la situación le estaba creando una tensión casi desconocida a su cuerpo. ¡Joder!, hasta yo estaba nervioso, y no era para menos. Como he dicho, hoy era el día, el gran día. Hoy iba a pedirle matrimonio a nuestra chica.

Acompañé a Alex al banco para abrir la caja de seguridad en la que estaban guardadas las pocas cosas que significaban algo para él, entre ellas la joya que iba a entregarle a Palm; el anillo de compromiso de su madre.

  • ¿Nervioso? –

Si cualquier otro hubiese hecho esa pregunta ahora estaría besando el suelo, pero Alex y yo teníamos la suficiente confianza como para tolerar aquella familiaridad. Así que resopló y siguió golpeando el saco mientras me respondía.

  • Tengo una bola en el estómago. – pobre hombre, aquella mujer le había convertido en un blando adolescente. Sí, Palmyra era una mujer con una infinidad de recursos para hacerte morder el polvo, pero Alex era la cabeza de la mafia Irlandesa en Chicago, una mujer no podía dominarlo así. Y aun así lo hacía. ¿Envida?, totalmente. Si pudiese la clonaría y me quedaría con una copia.
  • Tranquilo, va a decir que sí. –
  • No voy a ir a ningún sitio si no lo hace. – podía entender eso. Alex se conformaría con lo que Palm le diera.
  • Pero va a hacerlo. – Alex soltó el aire y me miró un segundo antes de volver su atención al saco de nuevo.
  • ¿Está todo preparado? –
  • Lo hemos repasado docenas de veces, jefe. La cena, la tarta, y tú te encargas del regalo. Nada va a fallar. – Alex rotó los hombros y siguió golpeando.

Ser un espectador me daba la distancia que necesitaba para que pudiese ponerle una nota de humor a la situación, pero es que no podía evitarlo. Alex era un hombre que podía dar miedo, que podía imponer respeto, pero nunca, nunca sería de los que daría lástima, salvo en ese momento. Sí, daba un poco de lástima verle así.

Iba a ser un día muy largo el que teníamos hasta llegar a la cena, y estar todo ese tiempo junto a este Alex iba a ser un infierno, pero nunca le dejaría solo.

 

Capítulo 2

Connor

Desde que entré en la cocina, no pude quitarle el ojo de encima a la nueva chef. No sé si saben, que, en las cocinas de los grandes restaurantes, hay un chef principal, y luego los subordinados, que se dedicaban a cubrir una especialidad. Estaban los que se encargaban de las ensaladas, los del pescado, los de la carne…y luego, como en un mundo y lugar parte, estaba el que se encargaba de los postres. Y esa era la chica nueva, el chef de los dulces, como la llamaba yo. Era asombrosa verla trabajar, haciendo que lo difícil, pareciese fácil. Cuatro toques, y convertía un triste trozo de tarta, en una pequeña obra de arte. Cuando la vi sacar la tarta de Palm, y empezar a colocar las velas, estuve tentado a meter el dedo ahí para probarla. Pero esa mirada suya…era capaz de mantenerte a un lado con el culo apretado. ¡Joder con la sargento de hierro!.

Estábamos pendientes de la cena del jefe y su chica, para ir preparando el siguiente plato. Cuando llegó el turno de la tarta, Alex me hizo el gesto y yo di la orden a la cocina.

  • Es el momento. – la chef Longo, porque pregunté por ella, encendió con rapidez las velas, y acercó el carrito a Luigi para que procediera a llevarlo al salón.

Volví mi atención a la mesa del jefe, y estaba a punto de empezar a morderme las uñas, cuando un grissini apareció bajo mis ojos. Miré hacia mi derecha, para encontrar ese gorrito llamativo asomándose por el otro ojo de buey.

  • Rumia un grissini, es más higiénico que morderse las uñas. –
  • Tú no sabes lo que va a ocurrir allí. –
  • Que la novia de tu jefe va a soplar las velas de la tarta. –
  • No sólo es eso. – su cara se giró hacia mí, con los labios arrugaditos.
  • ¿Y qué va a ocurrir? –
  • Tú sólo mira. –

Alex depositó el anillo sobre la mesa mientras estaba seguro que hacía la pregunta. Él se levantó y tiró de su chica para acomodarla contra su pecho. Cuando la expresión de Alex cambió, supe que había habido un sí. Aquella sonrisa lo decía todo. Casi me pongo a saltar como un maldito aficionado al fooball cuyo equipo marca el tanto definitivo que da la victoria. Me faltó el pelo de un calvo para saltar sobre las puntas de mis pies, alzar los brazos y gritar un ¡Toma!. Pero aguanté estoicamente parado en mi lugar detrás de la puerta. Tampoco solté una lagrima. ¡Eh!, tenía público.

La teníamos, Palm había dicho que sí, era nuestra. Bueno, de Alex, pero se sentía como si el premio lo hubiésemos ganado todos. Cogí el teléfono y envié un mensaje a Jonas, tenía que saber que todo había ido bien. Somos unos blandos, pero sólo con Palm y el jefe, pero que no se entera Alex. La respuesta de Jonas a “ella dijo que sí” fue un emoticono de esos que dan saltos de alegría. Sí, habíamos ganado la puñetera superbowl.

La chef Longo me miraba debajo de aquel sombrero de color… ¿fucsia?, puede ser, no entiendo mucho de gamas de colores. Lo que sí que se veía era que tenía unas enormes flores amarillas y verdes estampadas en él. De lo llamativo y feo que era, no podía negar que llamaba la atención.

Al día siguiente, estaba devorando un trozo de bizcocho que había robado a Jonas, mientras ojeaba la prensa. Tenía una foto del jefe y Palm adornando las páginas de sociedad. Ahí estaban los dos tortolitos, posando con naturalidad, para la que sería su foto oficial de compromiso. La saqué yo con mi teléfono, y cuando lo hice, no estaba pensando precisamente en que acabaría en la prensa. Pero ahí estaba, justo encima del titular de “El señor Alexander Bowman y la señorita Palmyra Bennet, anuncian su compromiso”. Buen golpe de efecto del jefe. Ahora nadie en todo el estado, podía decir que no sabía que iban a casarse. Y no había nada más “normal” que un rico hombre de negocios, apareciese en los ecos de sociedad con noticias como aquella.

Palm y el jefe se sentaron en la mesa del desayuno de la cocina, y yo estiré el brazo pare dejar el periódico, perfectamente doblado, bien cerca de su vista.

  • Salieron bien guapos los dos, jefe. –

Palm estiró el cuello todo lo posible, para ver la imagen impresa en el papel, y al reconocerse, se precipitó sobre el periódico para tomarlo en sus manos.

  • ¡Madre mía!. – Alex la observaba por el rabillo del ojo, mientras bebía el café de su taza.
  • Una fotografía excelente, Connor. – puntualizó serenamente el jefe.
  • Sí, estoy pensando en cambiar de trabajo. – Jonas dejó a un lado su bizcocho, y se metió en la conversación.
  • ¿En serio?, quizás el jefe te contrate para hacer el reportaje de boda. ¿Ya hay fecha? -Palm abrió los ojos como platos, y giró el rostro para encarar a Alex.
  • ¿Fecha?, no tenemos fecha. ¿Hay que hacerlo ahora? – el jefe tomó la silla de Palm, y la arrastró más cerca de él.
  • Planificarlo no estaría mal, pero contigo, he aprendido a tomar las cosas cuando llegan, sorpresas incluidas. – ¡joder, sí!, con Palm, las sorpresas estaban casi garantizadas, y nadie mejor que el jefe para saber eso. Él había estado allí cuando esa loca bajita, se había puesto a caminar sobre un cable entre dos edificios, en plena noche, y vigilantes patrullando.
  • Tranquila, podemos ir juntos a escoger el vestido. – y ahí apareció la mirada asesina del jefe. Sí, creo que esa excursión acababa de ser aplazada de forma definitiva, al menos para mí.
  • Connor tiene razón, podías ir a mirar vestidos con tu amiga Alicia. – y ahí escuché una casi imperceptible tos, que venía del lado de
  • Yo…yo no tengo que ir a eso, ¿verdad? –
  • Va a ser que sí, Jonas. Cómo buen compañero, vas a pasar por eso. –
  • ¡Señor!, ¿qué he hecho yo para merecer esta tortura? – tenía que decir algo, mi boca se moría por hacerlo, pero uno no hace leña del árbol caído, más que nada, porque el hacha del leñador andaba cerca, pero…
  • Seguro que habrás dejado atrás, a más de una chica soñando con vestidos de novia. El karma tiene una forma curiosa de devolverte “el favor”. –
  • Gilipollas-
  • Yo también te quiero, colega. –

Sí, definitivamente, aquel desayuno estuvo bien, sobre todo, porque Jonas salió de la casa con un mosquito picándole las “pelotas”.

Capítulo 3

Connor

De vuelta al trabajo. Alex me ordenó investigar al tipo que estaba haciendo preguntas sobre él. En una ciudad como Chicago, que un forastero hiciese preguntas sobre Alex Bowman, era algo que llegaría rápidamente a nuestros oídos. Mi trabajo era averiguar quién era ese tipo y que quería de Alex. No, no parecía un policía ni del FBI u otra organización gubernamental, ¿por qué?, porque el tipo parecía que iba pisando huevos. A ver, que hay que tener cuidado cuando se hacen preguntas sobre el cabeza de la mafia irlandesa de Chicago, no sé, no preguntar directamente, ir con más sigilo, nada de lo que hizo este tipo.

  •  Lo tengo. – Pou entró en ese momento en el coche, sentándose en el lugar del acompañante.
  • Suéltalo. –
  • Está en la 112, ¿y a que no sabes qué nombre ha usado para registrarse?, Petter Parker. – giré el rostro hacia Pou. ¿Me estaba tomando el pelo?
  • ¿En serio? –
  • Joder sí, el tipo no tiene muchas luces. ¿De verdad quería pasar desapercibido usando un nombre falso como ese? – Esto era surrealista. Usar el nombre de un personaje de comic no es que fuese mala idea, pero ¡joder!, espíderman. ¿En qué estaba pensando? Gritaba falso a los cuatro vientos, y eso llamaba más la atención.
  • Hay que ser gilipollas. –
  • Ya te digo. Salió hace 20 minutos a hacer más preguntas, Sony le está siguiendo. – esa era mi señal.
  • Bien. Mi turno. – Pou asintió y se quedó en el coche a vigilar, por si acaso, ya saben cómo funciona esto.

Me llevó 35 segundos forzar la cerradura, es lo que tienen estas habitaciones de Motel, que las cerraduras no sirven para nada. Ya dentro, el tipo no es que se preocupara mucho por ocultar las cosas, tardé dos minutos en encontrar todo. Tenía un dosier con documentación y alguna foto. Extendí toda la documentación sobre la cama y le eché un buen ojo. ¡Porras!, ¿una partida de nacimiento? ¿qué coño?, Palmyra Bennet. ¿Por qué tenía ese tipo ese documento? Eso lo averiguaría más tarde. Lo bueno de los teléfonos modernos, y sobre todo los de alta gama, es que tenías infinidad de aplicaciones, como una cámara de fotos con excelente resolución. Cómo había facilitado a tecnología la vida a los espías. En fin, saqué fotos de la habitación, de los documentos, y sobre todo de la partida de nacimiento. Había un cargador para un PC portátil, así que saqué un pequeño dispositivo y lo coloqué bajo la mesa. Sí, esto no lo venden en cualquier tienda, pero es tremendamente útil si quieres jaquear un equipo informático con conexión wifi. Nada más activarlo, la señal llegaría rebotada a mi propia Tablet, pero necesitaba algo más… sí, tendría que hablar con Donald. ¿Qué quién era?, el pirata informático que uno jamás pensaría que puede encontrarse. Ya se lo presentaré algún día, o puede… envié un mensaje requiriendo sus servicios.

Cuando terminé salí de allí, sin dejar ninguna pista de mi paso.  Con la información que tenía, podía ponerme a trabajar. ¿He dicho que lo mío es destripar secretos?, nadie puede esconder cosas de mí. Puedo escarbar en la red, en las casas, en cualquier parte donde escondas tus secretos, allí meteré mi nariz. Las primeras fotos que saqué del tipo fueron mientras realizaba su trabajo de investigación. Algo irónico, investigar al investigador. Pues eso, fotografié al tipo entrando en un coche, el mismo que utilizaba para desplazarse por la ciudad. Mientras el tipo dormía, yo abrí el vehículo y curioseé. Encontré el contrato de alquiler del coche, y como supuse, el tipo utilizó otro nombre en él. James Blue, con ese nombre tenía algo de lo que tirar.

  • ¿Qué necesitas? – esa era la respuesta de Donald a mi mensaje.

Todo lo que tengas sobre este tipo, James Blue? – adjunté una foto en la que se le veía bien la cara, y sí, lo de la interrogación era intencionado. A saber cuántos nombres falsos podría usar.

  • ¿El precio de siempre? –
  • Sí. –

Entré en el coche y arranqué. Donald era rápido, esperaba tener algo antes de llegar a casa del jefe. Y justo cuando estaba estacionando en la propiedad, la información llegó. La estudié y me preparé para presentar el informe a Alex.

Le mostré las fotos que almacené en mi teléfono, haciendo especial énfasis en la partida de nacimiento de Palm. Y luego solté toda la información que había conseguido gracias a Donald.

Aquí, Petter, de nombre real James Blue, es un detective privado de Memphis, Tennesse. Y si bien está muy interesado en saber cosas de ti, lo está más en localizar a Palm. – Donald había pirateado la señal de su portátil, y había curioseado en su historial de búsquedas. Había muchas referencias a Alex Bowman, pero muchos más intentos de encontrar algo de Palmyra Bennet. Era evidente que Alex era un medio para llegar a localizar a Palmyra.

  • Está claro que alguien le ha contratado para encontrarla, la cuestión es averiguar quién y por qué. –
  • Tú decides, jefe. ¿Se lo sacamos a golpes, o le ponemos un halcón encima? –
  • De momento vamos a dejar que nos lleve hasta su cliente. Y si eso no funciona, siempre podemos recurrir a los viejos métodos. –

¿He dicho que me encanta mi trabajo? Trabajar con Alex nunca podía ser aburrido. Y los viejos métodos…tengo que reconocerlo, no tengo reparos en utilizar la violencia dependiendo con qué personas. Supongo que sea el resultado de lo que nos ha tocado vivir. Somos lo que vivimos, así de simple. La vida nos envió algunos monstruos para destruirnos, y sobrevivimos convirtiéndonos en algo peor.

  • Pon un equipo entero sobre él. Que le sigan a Memphis, que pongan cámaras y micros en su despacho, en su coche. Quiero saber con quién se reúne, dónde, cuándo, y cada palabra de todas sus conversaciones. –
  • Sí, jefe, me pondré a ello ahora mismo. –
  • Bien. –

Salí del despacho del jefe con una sonrisa en la cara, y no era porque tenía algo de acción divertida entre manos, sino porque no me había tocado ir de compras con Palm. La aprecio, de verdad, pero no envidiaba en absoluto a Jonas. ¿Cuántos vestidos de novia se puede probar una chica?, él lo iba a descubrir de primera mano, en vivo y en directo, nada de resúmenes televisados.

Capítulo 4

Connor

Lo juro, casi echo el estómago por todos los orificios de mi cuerpo. ¿Cómo puede algo tan hermoso como el nacimiento de un nuevo ser, convertirse en algo que ni Stephen King sería capaz de soportar? Repugnante, en una palabra. Menos mal que a mí solo me toco ir a buscar al veterinario, porque si presencio como salían esas cosas que había desparramadas por el suelo…. Lo siento, creo que voy a vomitar.

Puedo destrozar la cara de un tipo a golpes, romper huesos, retorcer extremidades y soportar el nauseabundo olor de los fluidos que libera un cuerpo sometido a tortura, pero esto. Puag. Si un perro vuelve a acercarse a la perra del jefe, le pego un tiro antes de que la deje preñada de nuevo.

¡Joder!, y la perra estaba lamiendo eso.¡Agh!, tuve que mirar a otro lado. Tropecé con la cara pálida de Alex, y me reconocí a mí mismo. Tiré de su brazo y nos saqué de allí. Los dos necesitábamos… aire. El que aguantaba como un toro era Jonas, tenía que reconocerlo, pero es que él seguramente se había criado con animales allí en la reserva india en la que creció. Seguro que estaba acostumbrado a ver partos de animales.

Hui tan rápido de allí como pude con la justificación de que me llevaba al veterinario. Que ellos se quedaran contemplando aquella masacre, yo era una persona con un estómago más…cosmopolita.

Menos mal que el jefe me puso otra tarea, porque lo de quedarme en la casa…. De momento quería evitar el lugar de la “matanza” para mantener a raya los recuerdos.  Donald tuvo trabajo extra, porque el jefe tenía una llamémosla corazonada. ¿He dicho que mi jefe se convirtió en la cabeza de la mafia irlandesa con tan solo 22 años?, pues no llegó ahí por una carambola del destino. Además de duro e implacable, Alex era un tipo listo. Su cabeza empezó a encajar piezas, y dedujo que el tipo que investigaba sobre nuestra Palm tenía que ser alguien con acceso a esa partida de nacimiento, y ese no podría ser nadie más que un familiar. A ver, que Palm nació y se crio en un circo, y con ese tipo de vida, uno inscribe a su hijo en el registro más cercano, y en ese momento está relacionado con el lugar por donde estuviese dando su espectáculo el circo. En otras palabras, salvo la gente del circo o su familia lo sabrían, y los primeros no enviarían a un investigador privado a encontrarla, ¿para qué? Pero los segundos…

No conocía demasiado de la vida de Palm… mentira, la investigamos a fondo desde el momento que llegó a nuestros oídos que una mujer había dicho por ahí que era prima del jefe. Y lo que encontramos fue bien poco. Casi todo lo que sabíamos nos lo había revelado ella misma, y menos mal, porque eso explicaba muchas cosas. Lo que no llegué a entender, es como una mujer como ella, que conocía tantos idiomas, que sabía lanzar cuchillos, que era tan buena con los animales, y no me refiero a que los tratara bien, sino a que cualquier bicho la obedecía como si ella fuese Dios… bueno, que no podía entender como había terminado trabajando en una mierda de cafetería cobrando una mierda de sueldo y una birria de propinas. Alex había encontrado el diamante en la mina de carbón, así de simple. Sí, es fácil decirlo, no tanto el conseguirlo.

Cambiando de tema, o tal vez no tanto, el que Jonas se hubiese convertido en la niñera de Palm en la universidad, me dejaba a mí con sobre carga de trabajo, pero no le envidiaba en absoluto, salvo por aquellas pequeñas veces que llegaba con perlas como la del nuevo amigo de Palm. Cuando me lo dijo me quedé alucinado, porque al tipo no se le notaba nada. Bueno, tampoco es que tenga mucha experiencia en ese tipo de asuntos, pero ¡joder!, que cuando un tío se opera para cambiarse de sexo, suelen quedar algunas “pistas “por ahí que se pueden apreciar. No siempre, lo sé, pero… que una nuez de Adan sobresalga, o unas manos de camionero junto con un 45 de pie, pues…eso. Pero lo de Oliver, no lo vi venir, ni yo, ni él, ni el jefe, y me supongo que ni la propia Palm. Sueno machista retrógrado, pero es que… bueno, no soy muy…¡agh!, que no me siento muy cómodo a su lado, pero comprendo que la peor parte siempre les toca vivirla a ellos, por eso merecen mi respeto, aunque no creo que yo… pues eso, que a mí me gustan las cosas como se hicieron en un principio. La naturaleza es sabia, como sabe todo buen católico, aunque luego nos venga con ovejas de dos cabezas, en otras palabras, que cometa errores.

Pues eso, que el tal Oliver no siempre fue “hombre”. Jonas se dio cuenta porque descubrió un par de cicatrices reveladoras. Al que le toco investigar eso fue a mí, y sí, confirmé su teoría. Oliver antes era Úrsula, y por las fotos del colegio, parece que ya tenía claro que aquel cuerpo de mujer no le encajaba.

Bueno, trabajo, trabajo. El tío de Palm se presentó en el despacho de la compañía de exportación del jefe. No es que ese fuese realmente su despacho, despacho, porque el bueno era el que tenía en casa, pero era una imagen que mantener para el exterior, la de hombre de negocios me refiero. En fin, el tipo consiguió una reunión con Alex, y no es que eso fuese fácil, el jefe dejó que lo fuera. ¿He dicho que mi jefe es un tipo listo?, creo que sí, y además va un paso por delante del resto, al menos con la mayoría de las personas, como esa vez. Lo esperaba, y el tipo llegó a él como pretendía. Resultado, Alex le dijo a Palm lo que quería su tío, que no era otra cosa que hablar con ella y decirle que su madre se estaba muriendo y que quería verla.

Sabía que la vieja les había abandonado a su padre y a ella, dejándolos a los dos en el circo. Seguro que dijo “esto no es para mí” y se largó, sin más, ahí os quedáis vosotros. Y ahora, veinte años después, quiere ver a su hija en su lecho de muerte. ¡Ja!, qué casualidad, ahora que se había hecho público que la hija que abandonó, se iba a casar con uno de los hombres más ricos de Chicago. Ese tipo de cosas me dejaban cierto regusto amargo en el paladar. Y hablando de paladar, a ver si el jefe se estiraba otra vez y nos íbamos a cenar a “Dante´s”.

Estaba esperando junto al coche a que la reunión de Palm y su tío terminara, pensando en qué tendría que hacer si conseguía convencer a Alex para llevar a cenar a Palm al “Dantes´s”. Eso sería fácil, cuando se trataba de su chica, Alex se volvía un idiota descolocado. Supongo que sería por falta de práctica con relaciones serias. No, lo complicado venía en cómo conseguir que Jonas se quedara esta vez en el coche. Ahora los dos teníamos un buen motivo para estar escondidos en la cocina, custodiando la otra salida de escape. Bueno, dos motivos, una era pillar al jefe con la guardia baja con su chica, hecho que era entretenido en sí, el otro era intentar robar o conseguir alguna porción de los postres de la chef Longo. Sí, aquella sargento de sombreros llamativos podía poner firme a cualquiera, pero merecía la pena por solo conseguir otro pedazo de cielo creado por sus hábiles manos. Si por mí fuese, iríamos a cenar todos los días al restaurante. Vale, sé que eso no es posible, pero de sueños dulces vive el hombre, o mi estómago en este caso.

  • Connor, tenemos un viaje a Memphis. – sabía que eso significaba que fuese preparando las maletas. Mi premio en forma de postre delicioso se acercaba, podía olerlo.

Capítulo 5

Connor

No es que antes me quejara del hecho de viajar en avión, pero definitivamente había un mundo entre hacerlo en una línea regular, aunque sea en business clas, a hacerlo en un avión privado. Y ese cambio se lo debía a la jefa. Era extraño llamar a Palm así, pero era lo que estaba ocurriendo, ella era ya la señora de Alex Bowman, el jefe de la mafia irlandesa de Chicago, el rey de reyes. Si, había algún que otro barón por ahí, o mandarín ya puestos, pero rey, sólo uno. El caso es que por cierto altercado con Niya y un avión de línea regular, ahora nos desplazamos en avión privado. Antes no lo hacíamos así por tacañería del jefe, le conozco, y sé que, si tiene que gastarse el dinero en una tontería, lo hace, pero Alex es más de no hacer ostentación de su dinero, le gustan las cosas sencillas, como esa maldita appel pie que le tiene atontado. Con lo buena que estaba esa tarta de la chef Longo.

Cuando noté movimiento a mi lado, abrí el ojo derecho para ver como Alex arrastraba a Palm hacia el baño del avión. Esos dos ya estaban otra vez, eran como conejos. Di gracias en silencio al que inventó los auriculares para teléfonos, y los metí en mi oído. Ni siquiera busqué en mi lista de reproducción, cualquier cosa era mejor que gemidos y cosas de esas. No es que me desagradaran, es que se sentía incómodo que fuesen otros los que estuviesen metidos en el lío, y no yo. Me alegro por Alex y Palm, porque son personas increíbles, que se merecen todo lo bueno que pueda pasarles, pero un hombre adulto, con una libido totalmente funcional, tenía algunos límites. Era hora de mirar alguna casa para irme a vivir lejos de esos dos. Bueno, no muy lejos, lo suficiente como para no escuchar lo que no debía, ni piel desnuda que no debería ver, sobre todo, porque el jefe se había vuelto muy posesivo y celoso con su chica. Hay que ver las vueltas que da la vida. Antes le daba igual que le sorprendieran teniendo sexo con cualquier mujer, en los sitios menos apropiados. Ahora, sigue igual o más fogoso, pero intenta proteger a Palm tanto como puede.

Matrimonio. De ahí a tener hijos solo había un paso. Alex tendría su propia familia en un parpadeo, y aunque estaba feliz por ello, no podía dejar de sentir ese pequeño pinchazo de envidia.

La voz del piloto sonó en la cabina, anunciando que pronto tomaríamos tierra. Más les valía a esos dos salir rápido, o tendría que ponerme a aporrear la puerta. Por suerte, no tuve que hacerlo. Alex salió el primero, metiendo su camisa dentro de los pantalones. Echó un ojo a los chicos que iban sentados más allá de nuestra fila, y estos hacía cualquier cosa para no mirarle. Podía entenderles, Alex solía imponer ese tipo de miedo/respeto cuando te miraba directamente. Una vez vi a un tipo mearse encima. Bueno, también estuvo influenciado por el hecho de que Alex tuviese un alicate en las manos, y lo abriera y cerrara con un dramático chasquido repetidas veces.

Esta vez se detuvo a mitad del pasillo y se giró para darles la espalda, y esperó a que Palm saliese del baño, caminara hacia su asiento y se acomodara. Luego se sentó a su lado. Sí, lo pillamos jefe, a tu chica no se la mira

  • ¿Todo listo? –
  • El equipo de Memphis nos espera a pie de pista. Revisaron los alrededores, y tenemos vigilancia continua sobre la casa. –
  • Dame el inhibidor. – le tendí el pequeño aparato, que había comprobado antes de salir de Chicago. ¿Para qué llevar un inhibidor?, si, los teléfonos dejarían de funcionar, incluidos los nuestros, pero así nos asegurábamos que ninguna transmisión salía o entraba de allí, sin nuestro consentimiento. Además, teníamos propia señal de alarma por si acaso.
  • Yo no entiendo mucho de estas cosas, pero ¿no es un poco exagerado todo esto? – Palm miró a Alex directamente. Eso, qué respondiese él.
  • Ahora juegas en las ligas superiores, pequeña. Aquí las reglas cambian, y la más importante, es que nunca se es suficientemente precavido. – Eso es, jefe, directo al grano, pero sin asustar. Alex tenía que hacerse político, no, espera, retiro eso, no me gustan los políticos, no tienen ética.
  • Supongo que tendré que acostumbrarme. – ¿He dicho que me encanta esta mujer?, si, bueno, al jefe también.

La cosa fue rápida, llegamos, el jefe y Palm hicieron lo que tenía que hacer y nos fuimos deprisa. Por la sonrisa del jefe, o lo que yo entendía como una sonrisa ganadora, entendí que la cosa había ido bien. El viaje de vuelta lo hicimos algo más apretados, cosas de regresar dos equipos de hombres esta vez, pero era bueno esto de tener tu propio avión para llenarlo como te diera la gana. Palm parecía algo incómoda, pero tranquilizarla era asunto del jefe.

Cuando tomamos tierra en Chicago, Jonas ya estaba esperándonos en la pista de aterrizaje. Al poco de arrancar el SUV, Jonas preguntó por nuestro destino.

  • ¿A casa, jefe? –
  • ¿Qué te parece si vamos a cenar fuera? – Santos del cielo, sí, mis plegarias fueron escuchadas, o más bien mi sutil estrategia subliminal que puse en práctica todo el tiempo que duró el viaje de regreso en el avión. ¡Eh!, puedo ser sutil cuando me lo propongo, la duda ofende.
  • ¿Podríamos hacerlo en casa?, no tengo muchas ganas de salir. – no te rajes jefe. La chica está cansada, mímala.
  • De acuerdo, pero compraremos algo de comida para llevar. – ¡Bien!, mi yo interior saltaba contento. Otras veces esa comida para llevar podría haber sido pizza, comida china, mexicana o de cualquier nacionalidad que puedas imaginar, pero si mi trabajo había funcionado…
  • ¡Eh, jefe!, ¿Qué le parece si pedimos algo en el Dante´s?, he oído que la nueva chef de dulces tiene una tarta caliente que está de muerte. – Jonas, ¡bien!, daba gusto tener refuerzos en esto, y no era Jonas, sino su estómago adicto al dulce.
  • Estupendo, pediré para los cuatro. – sabía que había ganado en el mismo momento que vi a Alex marcando el número en su teléfono, pero uno es ambicioso y quería ganarme un premio más grande, por el esfuerzo del trabajo duro, me lo merecía.
  • Que sea para cinco, jefe, los viajes me dan hambre. – cuando Alex sacudió la cabeza y sonrió, sabía que lo había conseguido. ¡Bien por mí!. Dante´s, allí vamos.

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