¡Préstame a tu novio!

Capítulo 1

  • ¡¿ QUEEEEEÉ?!, ¿Estás loca?.-
  • Por favor.-

Ni de coña. Por mucha cara de pobrecita niña abandonada iba yo a hacer lo que Jane me pedía. Sí, vale, venía siendo mi mejor amiga desde el hacía 6 años, vivíamos juntas y compartíamos la leche corporal de después de la ducha y el alquiler, pero hasta ahí. Yo no iba a hacer esa locura que me pedía.

  • ¿Tú te has escuchado?, me estás pidiendo que te preste a mi novio.-
  • Lo sé, suena raro, pero lo necesito. Porfi, porfi, porfi.-

Cuando Jane se ponía a suplicar era una auténtica bola de chicle en el pelo. Se pegaba a ti, y no había manera de quitártela. Sólo las medidas drásticas funcionaban con ambas, y en el caso de Jane, era ceder a lo que pedía. Lo único que podía hacer, era negociar y buscar alternativas. A veces funcionaba, otras, no.

  • ¿Por qué Noah?, conoces a cientos de chicos que estarían encantados de ser tu novio. ¿Qué pasó con ese tan mono de la semana pasada… este…Phill, eso, Phill, ¿por qué no él?.-
  • Pues… porque ya le dije a mi mami.-

Su mami. No entiendo como una mujer de 24 aún sigue llamando a su madre así, pero en fin, cada uno manifiesta su lado infantil de la forma que quiere. Y Jane estaba sacando todo su armamento de cuando tenía 10 años para conseguir lo que quería. Estaba sentada en nuestro sofá, con las piernas metidas debajo de su cuerpo, y  aferraba con fuerza uno de los cojines, con forma de corazón, que alguno de sus ex la había regalado. Tenía los ojos abiertos en demasía, la cabeza ladeada, el labio inferior mordido y esa expresión de niñita desatendida, que conseguía que los corazones más duros se reblandeciesen. Y yo no era inmune a esos ojazos azules que me rogaban.  Solté un suspiro y me senté frente  a ella. Como siempre, me tocaba ser la que la sacara del lío en el que se había metido ella solita.

  • ¿Qué le dijiste a tu madre.-

Jane volvió a mostrar aquella sonrisa de un millón de dólares, con la que los chicos caían a sus pies, tantas veces, que ya ni las contaba.

  • Oh, sabes que mami se preocupa mucho por mí. Y que quiere que siente la cabeza y eso.-
  • Sí, lo sé.-

Estaba cansada de escucharla hablar con su mamá cada domingo por la mañana. Se tiraban casi dos horas de charla. Que qué tal con los estudios, que qué tal el trabajo, si había conocido a algún buen chico… Dejé de prestar atención a lo que hablaban hacía dos años. Básicamente era siempre lo mismo.

  • Bueno, hace unos meses, le dije que conocía a un chico, y que había empezado a salir con él. Que era agradable, guapo, y que tenía un buen trabajo.-
  • Bien, muchos chicos con los que saliste este año encajaban en ese perfil.-

Ella encogió su cuello, sabía que lo que iba a decir ahora me iba a molestar.

  • Le dije que era veterinario, que se llama Noah, y que empezamos a salir hace 8 meses.-

¡Mierda!, lo sabía.

  • O sea, que le has contado mi vida sentimental a tu madre.-
  • Sólo lo de Noah, te lo juro.-
  • ¿Y qué más le has dicho?.-
  • Le conté como nos conocimos en la consulta en la que trabajaba, como me invitó a cenar y… bueno, ya conoces la historia.-

Sí, conocía la historia, porque era la mía. Había llevado a Flops, el viejo gato de mi abuela al veterinario. Cuando ella murió, fui la única que quiso hacerse cargo de un gato más viejo que el catarro, y casi ciego. ¿Qué iba a hacer?. El pobre animal ya había perdido a su única dueña, no iba a echarle a la calle o darle la inyección letal. Ni el veterinario se podía creer que siguiese vivo. Total, qué podría vivir, ¿1 año?. Pues 3, 3 puñeteros años con el viejo gato a cuestas. Achacoso y todo, el gato seguía arrastrándose sobre el sofá. Ya creía que era inmortal, cuando una mañana, lo encontré panza arriba y roncando despierto, bueno, en estado catatónico. Lo llevé al veterinario de urgencias, y allí estaba Noah. Todo guapo con su traje de quirófano azul, pelo rubio y ojos color café. Mi héroe. Estuvo a mi lado cuando me dijo que Flops se moría, que sus pulmones estaban encharcados y que respirar era doloroso para él. Tomó mi mano mientras esperaba a que la inyección letal hiciera su efecto. Cuando dejó de respirar, ahogue mi llanto en su pecho. Me invitó a un café y se sentó en la sala de espera conmigo. Aquella semana me llevó a nuestra primera cita. Un restaurante chino al otro lado de la ciudad. Cuando me dejó en la puerta de casa me dio nuestro primer beso. Suave, tierno, una caricia sobre los labios, y después esperó caballerosamente a que cerrase la puerta. Y desde entonces salíamos juntos.

  • Pues ahora le dices que has roto con él, y todos tan felices, ¿ves que sencillo?.-

Oh, ahí estaba otra vez mordiéndose el labio.

  • Es que, viene a pasar unos días a la ciudad con Tomasso, algo sobre su hijo pequeño que se muda aquí, y querían conocer a Noah, ya sabes.-

Sí, me imaginaba. Seguro que lo de conocer a Noah era algo “improvisado”.  Alexis Di Angello era todo lo que quisieras, menos impulsiva. Esa mujer había supervisado y revisado una y 100 veces el lugar donde su pequeña Jane iba a vivir. Estaba segura de que incluso investigó mi pasado. Si era amiga de su pequeño tesoro, tenía que estar segura de con quién la dejaba. Controladora era decir poco. Menos mal que su último marido la tenía ocupada con otras cosas. Tomasso no era el papá de Jane, pero era italiano, así que el instinto de protección lo tenía férreamente arraigado en su ADN. No, si al final me iba a dar lástima el pobre Noah, sufriendo el tercer grado de esos dos perros guardianes.

  • Bueno, las rupturas a veces…-
  • Uf, no entiendes, vienen mañana.-
  • ¡Genial!, tu siempre dejando las cosas para última hora.-
  • Lo ves. Cuando te pido prestado a Noah, es porque eres mi única salvación.-
  • ¿Y no sería mejor decirle la verdad?.-
  • ¿A mámi?, no, no. Hay que hacerlo despacito, que ya sabes cómo se pone.-

Pues no, no tenía ni idea de cómo se ponía, porque nunca, digo bien, nunca, la había visto enfadada con Jane. Salvo por esa vena maniática suya controladora, era una mujer  hecha de caramelo. Si no hubiese tenido madre, me habría quedado con ella. Bueno, menos cuando se ponía toda agente del FBI.

  • A ver, Jane. Compréndelo, no puedo ir ahora donde Noah y decirle… ¿Sabes?, los padres de Jane vienen mañana a la ciudad, y adivina qué, tendrás que hacerte pasar por su novio. ¿Qué si me importa?, para nada, Jane es mi amiga y confío en ella tanto como en ti. Podéis achucharos delante de todos nosotros con toda confianza, que después, no voy a cortarte los testículos con un alicate de pelar cables.-
  • Jo, lo dices de una manera, que así no va a querer.-
  • No, Jane, a la primera que no me hace gracia es a mí. Que los novios no se prestan.-
  • Mira que eres egoísta. La primera interesada en conseguirte novio fui yo. Pues no te presenté chicos ni nada.-

Si, ya. Me presentaba a los amigos de sus ligues, más que nada para que no quedaran patas colgando, que ya se sabe, los números impares nunca funcionan en cosas de parejas.

  • Que no, Jane. Que no me parece buena idea. –
  • Las amigas son parea eso. Bien me lo recuerdas cuando necesitas que te preste algo.-

Si, ya, claro. Como si prestarme el rizador de pelo fuese lo mismo que prestarla el novio. Si no pensara en los hombres como “complementos”, a estas alturas ya tendría ella el suyo propio.

  • Mira, si quieres buscamos otra solución esta noche, ahora tengo que salir pitando por esa puerta o no llegaré a mi turno.-
  • Tu medítalo, ya verás como lo que te pido es la única solución.-

Cogí mi mochila y salí del apartamento. No di portazo, ¿para qué?, la puerta no tiene la culpa. Y tampoco serviría para meterle algo de sentido común a la cabeza de mi compañera de piso. Por culpa de aquel asalto en el último momento, tuve que correr para llegar a tiempo a la parada del autobús. Mi línea estaba abriendo las puertas cuando alcancé al último de la fila.

Durante el trayecto medité sobre lo que Jane me pidió. Medité mientras cambiaba mis zapatillas deportivas por los mocasines de hospital. Medité mientras llegaba al control de enfermeras de pediatría de la planta de neonatología. Pero cuando Ivanna  dijo mi nombre, decidí que ya había meditado suficiente.

  • Hola María, hoy tengo buenas noticias para ti.-
  • ¿Sí?. Cuéntame.-
  • La semana que viene comenzarás las rotaciones en partos.-

¡Bien!, no saltaba de alegría porque era una chica grande para hacer eso. ¡A la mierda!, y salté, y solté un gritito de victoria, como si mi equipo hubiese ganado la Superbowl. Había deseado ese puesto, desde el momento que vi nacer a mi primer bebé mientras hacía las prácticas de hospital. Matrona, era mi sueño, y el de mi abuela Caridad. Su mamá era partera en cuba, y ella aprendió el oficio de niña. Cuando llegó a Estados Unidos, luchó y trabajó hasta conseguir trabajar en la profesión que tanto amaba. Casi tenía 40 años cuando entró a trabajar en el mismo  hospital en el que ahora trabajaba yo. Las dos Castillos, nos llamaban, la vieja y la joven. Me alegraba por mí, y también lo hacía por ella. A 1 año de jubilarse, su nieta venía a darle el relevo. Trabajar a su lado era más que un orgullo para mí. Su nieta favorita, me decía, y yo sé porqué.  De cinco nietos; tres chicas y dos chicos, yo era la única que había seguido sus pasos en el campo sanitario. Mis primas Helena y Cari (porque había que diferenciarla de mi abuela), eran amas de casa a jornada completa. Mi primo Manu (porque Manuel era mi a padre), todavía estaba en el colegio. Mi hermano Alex (porque Alejandro era mi abuelo), se había metido de lleno en el taller de autos con mi papá. Los “tuneadores”, les llamaban en el barrio, y es que los dos trabajaban en un gran taller que se dedicaba a tunear autos. Mi papá era un “artesano” de la tapicería. Sus manos se encargaban de los pedidos más exigentes. Y mi hermano, era el genio de los decibelios. Podía instalar cualquier equipo de audio en cualquier cosa que tuviese ruedas. Por fortuna o por desgracia, yo no tenía auto. En fin, dejemos  a la familia, que ahora tocaba trabajar.

Lo peor de la planta de neonatología, era ver la lucha que algunos bebés tenían con la muerte. Verlos tan pequeños y agarrándose con todas sus fuerzas a la vida, era lo que me motivaba para seguir adelante. Mis problemas eran menos importantes, siempre. Ellos ponían la parte más difícil, yo sólo les daba medicamentos, cuidados y amor.

Llegar por la noche a casa, después de ver luchar mano a mano con  aquellos pequeños guerreros, era agotador. Mi cuerpo estaba molido, sobre todo mis piernas, pero mi alma estaba llena. Unas veces triste, cuando perdíamos la batalla, otras veces feliz, cuando parecía que la ganábamos.

Cuando abría la puerta de casa, ya noté que algo no iba bien. Normalmente, Jane está sentada en el salón, viendo algún reálity show, en penumbra, y con una caja de pañuelos de papel bien cerca. El sonar de mocos era mi recibimiento casi diario. Pero ese día no. Las luces estaban encendidas, y las voces que escuchaba no procedían de la televisión. Cuando entré en el salón, casi sabía lo que me iba a encontrar. Sentados en el sofá, estaban los padres de Jane, bueno, su mamá y su marido. Y enfrente, sentada en el reposabrazos del sillón, y de espaldas a la puerta, estaba Jane. Cuando me vieron entrar, lo primero que vi fueron las sonrisas de Alexis y Tomasso Di Angello. El rostro de Jane se giró entonces a mí, y la vi sonreír, pero había algo en aquella sonrisa que no acababa de gustarme.

  • Oh, ¿ya estás aquí?. Te estábamos esperando.-

Las piernas de alguien asomaban del sillón, y recé porque esa persona tuviese el mismo gusto de zapatos que Noah. Pero no, su cabeza asomó por un hueco y sonrió mientras su brazo, que yo no había notado antes, se retiraba de la cintura de Jane.

  • Hola, María. Me alegro de verte.-

 

Capítulo 2

Su presencia allí que dejó tan impactada, que no me percaté del otro hombre que entraba en el salón por el otro lado. Su voz profunda y masculina me hizo volverme hacia él.

  • Lo siento, he acabado con el jabón de manos.
  • Oh, no te preocupes Tonny. María lo repondrá enseguida.-

Cuando alzó la vista hacia mí, unos increíbles ojazos azules me sonrieron. Sólo pude asentir. La sorpresa que Jane se había encargado de darme me había dejado sin palabras.

  • Será mejor que te arregles para salir. Mis papás nos han invitado a cenar a todos.-

Genial. No sólo tenía que saber que Jane iba a hacer pasar a “mi novio” Noah, por “su novio”, sino que además tenía que hacer de testigo. ¿Y qué iba a hacer?, ¿decir “no gracias, estoy muy cansada”, y dejar que la rabia me comiese viva?, ¿o ir, sonreír tanto como mis músculos faciales aguanten, y aprovechar la ocasión y cometer un homicidio en el baño de señoras , de un restaurante que nunca volveré a pisar?. Lo segundo pintaba mejor, porque no tendría que limpiar la sangre después.

  • Ok, una ducha rápida y estoy lista.-

Caminé deprisa a mi habitación, y cerré la puerta. Y no sé como sonó desde fuera, pero grité tan fuerte mi impotencia, que no creo que la pobre almohada que tenía en la boca se recupere del shock. Menos tensa, que no más contenta, recogí algo de ropa y me dirigí al baño. Antes de cerrar la puerta, levanté la voz pero no me acerqué al salón. Seguro que mi cara aún estaba congestionada por el grito, y no quería darles aún más motivos de pensar que estaba loca.

  • Jane, ¿podrías dejarme du secador?, el mío hace ruidos raros.-

No esperé a que respondiera. Cerré la puerta, acomodé la ropa y acerqué la toalla a la ducha. Después abrí el grifo y esperé a que el agua cogiera temperatura. Seguir las pautas habituales era fácil de hacer. O eso o salía ahí afuera, agarraba a Jane de los pelos, y tiraba de ella a mi cuarto, donde tendríamos una “larga” y “desestresante” charla. Al menos lo sería para mí, cuando los pelos de su cabeza estuviesen en mi mano, y no pegados a su cuero cabelludo. Estaba apoyada en el lavabo, cuando dos golpecitos a la puerta precedieron a Jane.

  • Aquí tienes.-

La cogí por la muñeca, y la tiré hacia dentro, cerrando la vía de escape a su espalda.

  • ¿Pero qué parte de NO es la que no entendiste?.-
  • Lo siento, lo siento. Pero Noah llegó para llevarte a cenar, y mis padres avisaron que estaban llegando… sólo tuve tiempo de explicarle un poco por encima…-
  • E hiciste lo de siempre, rodaste la bola de nieve un poco más. ¿No comprendes que en cualquier momento te puede explotar en la cara?, bueno, explotarnos en la cara, porque al final te la has apañado para meterme en todo el lío.-
  • Perdóname, María. Te prometo que te… te compensaré. Además, no puede ser tan malo, solo será esta noche, y después ya se me ocurrirá algo para arreglarlo, lo prometo.-

¿Qué iba a hacer?, ¿matarla?. Los actores estaban todos en escena, y la obra ya había empezado. Así que como decía Fredy Mercury “Show must go on” (el espectáculo debe continuar).

Doce minutos y medio, eso es lo que tardé en ducharme, secarme el pelo, y ponerme un vestido, unas sandalias, y recogerme la melena en un moño. Bastante calor tenía yo encima como para sudar más.

*******

Transporte, estupendo, ahora a ver cómo nos repartimos en dos coches. Ya me había sentado en el coche de Noah, en el asiento trasero, que no había vuelto a probar desde un calentón de besuqueos que nos dio hacía casi tres meses, cuando vi la oportunidad de poner las cosas en claro.

  • ¿Cómo pudiste dejarte enredar para algo así?.-
  • ¿Yo?, Jane me dijo que te lo había comentado.-
  • Y le dije que no.-
  • Eso no me lo dijo. Bueno, el lío ya está en marcha, así que no podemos echar marcha atrás. Relájate, todo va a ir bien.-

Esa frase era la que más me molestaba, porque cuando alguien te dice, “todo va a ir bien”, es que ni ellos están seguros de que vaya a hacerlo.

La puerta del asiento del acompañante se abrió, y un cuerpo enorme ocupó casi todo el espacio.

  • Oh, espera. Está ajustado para alguien más pequeño.-

Sí, pensé, para mí. El asiento se deslizó hacia atrás, y tuve que retirarme hasta el hueco de detrás del conductor. El coche de Noah no es que fuera muy grande, pero para un tipo como aquel, Tonny dijo Jane, era considerablemente demasiado ajustado. Él tendría que viajar en un todoterreno para sentirse cómodo.

  • Jane va en el otro coche, así yo os indico dónde está el restaurante.-
  • ¿Seguro?, si has llegado hoy a la ciudad, aún no sabrás mucho de calles.-
  • Pasamos esta mañana para reservar, y luego fuimos a mi apartamento. Tengo grabado el camino en mi cabeza, no te preocupes.-

Nos sonrió a los dos, aunque se quedó mirando un ratito más en mi dirección. Estupendo, ahora sí que estaba segura de que se había oído el alarido salvaje que di en mi habitación. Pero como soy una persona muy correcta, le devolví la sonrisa y él pareció más contento, porque devolvió la vista a la carretera.

Me pasé los 20 minutos siguientes, observando de una cabeza a otra. Noah rubio con reflejos dorados, Tonny castaño oscuro tirando a moreno. Noah con un corte de pelo a capas que resaltaban sus ondas naturales, Tonny con el pelo corto, bueno, no tanto, porque empezaba a enroscarse detrás de las orejas. Noah con una espalda estilizada y perfectamente recta, con ese cuello que me encantaba mordisquear. Tonny con unos hombros que parecían hechos para cargar fardos de 50 kilos, anchos, fuertes, y por lo que insinuaba su camiseta blanca, tonificados hasta la perfección. La piel de Noah, viviendo en Miami, era imposible que estuviese blanca, tenía ese dorado acariciado por el sol. Tonny parecía haber pasado alguna hora más tostándose bajo los rayos solares. Noah era el príncipe perfecto, el que te imaginas cabalgando en su corcel blanco. Tonny era más del tipo escolta del príncipe. Mejor no te metas con él.

En fin, cuando llegamos al restaurante, mis oportunidades para estar los tres a solas se perdieron por completo. Así que cenamos y Jane contestó las preguntas que yo hubiese contestado, y Noah deleitó a sus “ficticios suegros”. Creo que mi expresión debió de ser algo extraña, porque Tonny no hacía nada más que mirarme con el ceño fruncido. Por mi parte, yo no hacía otra cosa que apretar los dientes y sonreír cada vez que Noah o Jane se metían demasiado en su papel. Que si miraditas por aquí, apretoncitos de manos por allí, que si te toco aquí. Lo dicho, cuando acabó la cena, tenía la piel ardiendo, la cara roja y casi seguro, que mis oídos eran dos chimeneas de vapor a pleno rendimiento.

  • Bueno, Noah. Ha sido un placer conocerte. No te preocupes por acercar a Jane a casa, ya la llevamos nosotros. Ya te hemos entretenido bastante y seguro que mañana tienes que madrugar para ir a trabajar.-
  • Oh, no se preocupen por eso, mañana es el primer sábado que no tengo guardia este mes.-
  • ¡Vaya!, eso es estupendo. Entonces mañana sí que podemos tener un auténtico día en familia.-
  • ¿Eh?.-
  • Claro, mañana íbamos a ayudar con la mudanza de Tonny, y un par de brazos fuertes siempre vienen bien. Te apunto la dirección.-

Bien, seguro que en ese momento, Noah habría preferido no estar metido en esto, pero… que se fastidie, pensé. Su día libre cargando muebles y cajas. Me parecía que esa pequeña “venganza” era una mala manera de resarcir mi malparado ego de novia suplantada, pero que se le iba a hacer.  Pero como la venganza tiene un precio, tuve que pagar el mío.

  • Oh, entonces María también podía ayudar.-

No, si la niña era un peligro cada vez que abría la boca. No había tenido yo bastante con ver a mi novio con ella colgada de su brazo, no. Ahora tenía que verlo, otra vez, y además ir desembalando cajas.¿ Pero que se pensaba esta hija de Satán, que además de suplantarme, arruinar el único sábado que íbamos a tener los dos solos en ese mes, encima me iba a poner a trabajar?. Definitivamente, la odio.

  • Oh, eso sería estupendo, querida. ¿Verdad Tonny?. Tres pares de manos femeninas ayudarán a poner la casa a punto en un periquete.-

Escuché el bufido de Tonny, y miré hacia él, sorprendiéndole pasando su mano por el pelo de su nuca. Si, le entendía. Ese mismo gesto lo hacía Alex cuando mamá lo obligaba a ir al supermercado con ella. Iría porque no tenía más remedio, pero maldita la gracia que le hacía hacer de mayordomo, chofer y mula de carga, sin recompensa alguna y encima sin protestar.

Capítulo 3

Divertido, era un montón. Ja, ja. Maldita la gracias que me hacía a mi estar levantada y cargando cajas, un sábado a las 9 de la mañana. Con lo bien que sentaba tener un día libre para holgazanear. No había tenido uno desde… uf, me tenía que remontar hasta el colegio.

Menos mal que aquel sábado, resultó ser uno de los más calurosos del mes. Así que a eso de medio día, había tres mujeres sentadas en el porche de la casa, bebiendo soda fría, y mirando a tres hombres sudorosos sin camisa, cargando un mueble de cajones de madera tallada. ¿De verdad?, ese mueble macizo no le pegaba nada a un hombre como Tonny. No sé, quizás esperaba algo más parecido a una estantería del IKEA.

Bueno, desde aquel lugar, las vistas estaban pero que muy bien. Comparar bíceps, tríceps, cuádriceps, y todo lo “ceps” que podía haber en aquellos brazos. Y luego los abdominales, oblicuos y más bultitos duros que un hombre corriente esconde debajo de la barriga cervecera. Esa soda tenía que ser todo alcohol, yo no podía estar trabajando mi día libre, tener sueño, la espalda dolorida, y además estar sonriendo y feliz.

  • ¿Ya habéis terminado en la cocina?.-

La voz de Tomasso sonó sobre nuestras cabezas, mientras veíamos a aquellos tres especímenes masculinos acercarse al cubo de hielo de refrescos. Estaba casi lista para levantarme y acercarle a Noah una cola ligth, cuando Jane se me adelantó. Pero no, ella no le llevó la cola Light que él siempre tomaba, sino que le dio otra cosa, no sé si de naranja.

  • Gracias, tesoro.-

¿Gracias, tesoro?, ¿en serio?. A mí ya me habría dicho eso de “me acercas mejor la cola light, ya sabes que las otras no me gustan”, y tonta de mi yo iba, y se la cambiaba. ¿Y a esta rubia de piernas largas, la dice “gracias tesoro”?. Ah, cuando toda esta farsa acabase, él y yo teníamos algunas cosas que aclarar.

  • ¿Quieres otra?.-

La voz de Tonny sonó cerca de mi cabeza. Me giré par verle de cuclillas frente a mí, con una lata igual a la que estaba a mi lado, y que aún no había terminado. ¿De verdad?, el chico era un encanto, atento, detallista, y se lavaba las manos después de ir al baño, una joya. Qué lástima.

Tomé la lata y le agradecí con la más auténtica de mis sonrisas. El chico se sentó a mi lado para beber su refresco, y pude percibir lo bien que olía, aún después de cargar con todos aquellos muebles. No es que no oliera a sudor, todo hay que decirlo, sino que ese sudor, junto con su jabón, y el olor de su piel… tenían una mezcla interesante.

  • ¿Hoy no vas al centro social?.-

La voz de Noah me hizo volver a la realidad. Me giré hacia él, no sin antes percibir el ceño fruncido de Tonny. No eran lindos los dos. Tonny era amable conmigo, y enseguida Noah sacaba su lado posesivo e intentaba quitármelo de encima. Y el pobre Tonny se enfadaba porque le interrumpían cuando estaba “socializando” conmigo. Ah, hombres. Que aburrida sería la vida sin ellos y sus instintos territoriales.

  • No, hoy tenía el día completamente libre. Aunque visto que se me han torcido los planes, quizás me pase luego por allí para echar una mano a Rita.-

Sabía que ese nombre era como mencionar a la Bruja del Este. La de veces que Rita me había llamado un sábado, para que la ayudase en la guardería del centro social. No cobraba nada por ir, era un trabajo voluntario que me gustaba hacer por la comunidad. En el centro social, se había instalado una guardería “provisional” para los trabajadores con pocos recursos. Rita y otra mujer se apañaban muy bien entre semana, pero los sábados, el número de niños se duplicaba, y siempre hacía falta una par de manos más. Algunas veces iban otras madres, pero no siempre era así. ¿Así que qué hacía la pobre Rita?, pues cogía el teléfono y me llamaba, porque era su única opción.

  • Después de comer puedo acercarte.-

Lo dicho, el chico era atento y servicial, una joya. Ah, sí me pillara soltera.

  • No es necesario que te molestes, Tonny. Seguro que te quedan cosas por hacer aquí.-
  • Na, está casi todo hecho. Además, es lo menos que puedo hacer por haber venido a ayudarme. Te debo un favor.-
  • Entonces estaría bien, odio ir en autobús los sábados.-

Y mucho más hasta allí, pero eso no lo iba a decir. Dos horas de trayecto de ida, y dos horas de vuelta. Si, lo sé, tenía que comprarme un coche, ya me lo decía constantemente mi padre. Pero me había acostumbrado al autobús, y Noah iba a recogerme de vez en cuando, así que me ahorraba el viaje de vuelta.

  • Entonces arreglado.-

No pude evitar mirarle el trasero cuando se puso de nuevo en pie. Le sonreí como una tonta cuando me tendió la mano para ayudarme a levantar. Y a Noah, no le gustó ni un poquito. Bien, donde las dan, las toman.

La comida en casa de Tonny, estuvo bien. No pensé que un recién mudado tuviese tan bien surtida la nevera, pero quién soy yo para criticar. Soy la que se encarga de tenerla siempre bien surtida de las cosas que nos gustan, a los tres me refiero, a Jane, a mí, y a Noah, que pasa más tiempo en nuestra casa cenando que en la suya. Soy una amita de casa, que le voy a hacer, me gusta cocinar para mi pequeña familia.

  • Bueno, nos vemos a la noche.-
  • Pues hasta la noche.-
  • Iremos a recogerte.-

¡Vaya!, si no fuera porque lo estaba mirando, habría notado algo de frío en la voz de Noah.

  • Yo puedo acercarla a casa cuando termine.- se ofreció Tonny.
  • No, lo haremos nosotros. No nos cuesta nada.-

Noté los ojos de Noah clavados en los míos, como si intentara transmitirme un mensaje telepático. Sus dedos estaban clavándose en la cadera de Jane mientras la abrazaba. Pues nada, ni mensaje telepático ni código Morse, no había manera de entender que mosca le había picado. Bueno, eso era mentira, le había picado Tonny y su buena educación. ¿Cuántas veces se había ofrecido Noah a recogerme en el centro social?, pues dos. La primera vez, porque no tenía ni idea de lo lejos que quedaba. Y ese día, cuando quería evitar a toda costa que Tonny lo hiciera. ¿Qué no le costaba nada?, Ja. Siempre decía que tenía que abrir la consulta temprano y que se le hacía muy tarde. Ja, otra vez. Si estaba de guardia 2 domingos de cada mes. Qué casualidad que siempre fuera a tocarle cuando Rita me llamaba el sábado anterior. Umm, ¿y cómo había tardado tanto tiempo en darme cuenta?. Bueno, al final ese falso noviazgo me estaba mostrando algunos puntos que te teníamos que pulir de nuestra relación. Bien, esa noche, mandaría a Jane a su cuarto, porque las personas mayores teníamos que hablar de cosas importantes.

 

Capítulo 4

 

La verdad, no me había fijado en lo destartalado que parecía el edificio hasta que vi la cara de Tonny. ¿Se había puesto pálido?.-

  • Por dentro no está tan mal como parece por fuera.-

Ja, mentira. Por dentro parecía que habías entrado en el túnel del tiempo, y habías retrocedido 30 años. Tonny asintió con la cabeza, pero no dijo nada. Me sorprendió el que entrara conmigo.

  • Es seguro, lo prometo.-

Tardó un rato en contestar, pero al final lo hizo.

  • Bueno, al menos tiene bien señalizadas las salidas de emergencia.-

Se acercó a una de ellas, para comprobar si estaba bien.  Claro, casi lo había olvidado, el era bombero. Por eso tenía ese cuerpazo, estaba acostumbrado a derribar puertas y paredes a hachazos.

  • Bueno, si vas a hacer una inspección a fondo, puedo buscarte un guía. Yo de la guardería no paso.-

Unos golpes bruscos nos dieron la bienvenida a la gran sala.

  • Trasto arcaico, funciona.-

Un nuevo golpe fue correspondido con un chisporroteo de la parte trasera de la cafetera, y la agresiva mujer con piel color café estuvo a punto de soltar una maldición.

  • Rita, que hay menores escuchando.-

La mujer se giró hacia los niños, y después  sonrió afable a la visita.

  • Hola tesoro, no te esperábamos hoy.-
  • Oh, bueno, si no me necesitas, me voy.-
  • Hei, hei. No tan deprisa, tengo tres hermanos que llevan tu nombre tatuado en la frente.-

Si, sabía que tres terremotos eran esos. Los hermanos Alvarado. Se llevaban a penas 10 meses entre ellos, pero podían pasar por trillizos. Dos niños y una niña sin incisivos, que abrían cajones y sacaban todos los juguetes que existieran en aquella habitación. Unos terremotos de energía inagotable.

  • ¿Puedo echarle una mirada?.-

Tonny estaba cerca de la cafetera, observando atento y manteniendo sus manos en los bolsillos del pantalón.

  • Si consigues que vuelva a la vida, te haré hijo adoptivo de la ciudad. Ese trasto un día de estos nos dará un disgusto.-

Tonny sonrió y empezó a dar vueltas alrededor del artefacto del demonio. Mientras, sentí el brazo de Rita rodear el mío y llevarme a la alfombra al otro lado de la cristalera de separación.

  • Ummm, bonito trasero te has traído. ¿Qué ha pasado con el otro?. ¿Le has dado pasaporte?-

No pude evitar poner los ojos en blanco. Si ella supiera…

********

Levanté la cabeza del cuento que estaba leyendo cuando llegué al final de la última página. Podía oler el aroma a café desde allí, pero no esperaba ver a Tonny apoyado en el marco de la puerta con una taza en los labios. ¿Estaba sonriendo?.Si, parecía que sí. Buen chico, había conseguido resucitar a la máquina más necesaria de todo el centro.

  • Eres buena, los tienes enganchados.-

Volví la vista hacia los pequeños, que empezaban a levantarse del suelo en busca de juguetes. Me gustaba tenerlos a mí alrededor mientras les leía.

  • Oh, es mérito del cuento.-
  • Ya, y el que cambies las voces de los protagonistas y hagas caras, no tiene nada que ver.-

Vaya, pues si que había estado prestando atención el muchacho. De su espalda sacó una taza de café y me la tendió.

  • Umm, gracias, lo necesitaba.-

Dejó su taza sobre una estantería, donde los niños no llegaran y se inclinó hacia un grupo de ellos.

  • Bueno, necesito ayuda de alguno de vosotros. Veréis, soy bombero, y tengo que inspeccionar el lugar para ver si es seguro.-

Con la palabra bombero, ya tenía atrapados a la mitad de ellos, y el resto, no tardó en seguir a los demás. Algunos no le entendían, pero sus compañeros ya se encargaban de traducirles. Tonny era listo, seguro que se había dado cuenta de que repetía las frases en español e inglés. Algunos de esos niños aún no hablaban inglés, y eso hacía que las guarderías normales no sirvieran para todos. Además, el ser gratuita era un aliciente más en aquel barrio.

Pasamos una tarde agradable, y las 8 y media llegaron sin percatarnos. Solo cuando los padres empezaron a recoger a sus cachorros, nos dimos cuenta de que el tiempo había volado. Y Tonny se había quedado allí, jugando y entreteniendo a los pequeños.

  • Cariño, puedes venir cuando quieras.-
  • ¿Lo dice por la cafetera?.-
  • Lo digo por todo.-
  • Lo pensaré. ¿Hay chicas guapas por aquí?.-
  • Cariño, si quieres chicas guapas, las tenemos, buenas chicas también, y si lo que buscas es una novia, yo estoy soltera.-

Rita se había apalancado al brazo de Tonny y el la seguía el juego divertido. Era bonito ver aquel divertido e inocente flirteo. El chico me cogió el bolso de la sala principal, y me lo tendió. Había que reconocerlo, había enamorado a Rita, a Dulce, la otra asistente de la guardería, y me estaba enamorando a mí. ¡Pero qué lástima!, ¿por qué Dios me traía una tarta de chocolate cuando mi estómago estaba lleno de comida y no podía comer más?. Uf, bueno, qué le iba a hacer.

Cuando salimos del edificio, el coche de Noah estaba estacionado junto a la entrada. Y cuando vio que Tonny caminaba a mi lado, lo vi salir del vehículo, seguido de una sorprendida Jane.

  • Bueno, tu taxi ha venido a recogerte.-
  • Gracias de nuevo.-
  • No, gracias a ti. Me lo he pasado muy bien, y necesitaba hacer nuevos amigos.-
  • Bueno, Rita estaba dispuesta a darte las llaves del edificio, así que ven cuando quieras.-
  • Tal vez lo haga.-

Y en ese momento vino lo difícil. ¿Cómo te despides de alguien así?. Un apretón de manos, un beso en la mejilla. Le vi. Estaba empezando a  inclinarse cuando le corté. Extendí mi mano y le obligué a cambiar de acción. No podía permitir que intentara besarme y menos delante de Noah, aunque fuese un inocente beso en la megilla. No era justo ni para él, ni para mi novio.

Me metí en el coche, y abroché el cinturón de seguridad mientras Noah cerraba la puerta. Evité mirarlo, pero al final lo hice.  Y allí estaba, observando como el coche se ponía en marca, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, y una pequeña sonrisa triste y conocedora en la cara.

 

Capítulo 5

 

  • ¿Se puede saber a qué vino eso?.-

Volví el rostro hacia Noah.-

  • ¿A qué vino el qué?.-
  • El tipo, quería besarte.-
  • Bueno, es una manera correcta de despedirse de alguien.-
  • Ya, pero no de mi novia. ¿Qué habéis estado haciendo aquí toda la tarde?.-
  • Leer cuentos, jugar al pilla-pilla, y montar y desmontar ocho castillos de bloques de construcción.-
  • Eso no hace a un chico querer besarte.-
  • Bueno, pues sus razones se las tendrás que preguntar a él. Porque yo ahí no te puedo responder.-

Genial. Ahora Noah estaba enfadado conmigo. Yo no he intentado besarle, es más, lo he evitado. Tenía que estar orgulloso de mí.

  • ¿Y vosotros, qué habéis hecho?.-

Entonces la expresión de Noah cambió.

  • Hemos estado paseando con mis papás.-

Se adelantó a decir Jane. Bueno, eso si podía imaginármelo, a Noah le gustaba dar largos paseos por el parque o la playa, como a mí.

  • Sí, bueno, lo típico.-

Bien, no iba a sacarle mucho a Noah. Estaba claro que esta situación de novio falso estaba empezando a incomodarle. Permanecimos en un largo silencio todo el trayecto a casa, hasta que Noah paró el coche frente a nuestro edificio.

  • Será mejor que se lo digamos ahora.-

¿Decirme qué?, esas caras no me estaban gustando nada. Y Noah acababa de apagar el motor del coche. Menos, eso me gustaba menos. Cuando Noah apagaba el motor del coche, es que quería decirme algo serio.

  • Mis papás estarán dos semanas aquí. Tomasso se ha tomado unos días de vacaciones. Con la mudanza de Tonny y que mi mami hace tiempo que no me ve… pues decidieron quedarse unos días.-

¡Genial!, no tenían que decirme más. Me había quedado sin novio durante dos semanas.

  • Bueno, entonces os dejo, tendréis planes que hacer.-

Esa vez sí que di un portazo al salir del coche. Que se enterasen esos dos confabuladores, que no me gustaba nada la dirección que estaba tomando todo esto. Jane salió del coche y corrió a mi lado, mientras Noah se quedaba mirándonos desde detrás de la ventanilla.

  • María, que no es culpa mía. Yo no sabía que se iban a quedar tantos días. Mami quiso darme una sorpresa.-

¡Ya tenía suficiente!. Me giré hacia Jane y tuve que agarrarme a los bajos de mi camiseta para no cogerla por el cuello y estrangularla.

  • ¡Sí, es culpa tuya!, tú nos has metido en este maldito lío. –
  • Pero, María.-
  • Ni maría ni gaitas. Estás acostumbrada a que todos bailemos al son de la música que tú quieres escuchar, y no te paras a pensar que a lo mejor los demás no queramos bailar.-
  • ¿A qué viene ahora todo esto?.-
  • Viene a que esta vez has sobrepasado mi límite de tolerancia. Por cosas como estas se rompen las amistades.-
  • ¿Por coger prestado a tu novio?.-
  • No, por hacerlo cuando te dije que no quería.-

Me giré y salí disparada para casa. No tenía ganas de verla, y poner terreno entre nosotras siempre funcionaba cuando me sacaba de los nervios.

No sé ni cómo conseguí dormir por la noche, pero por la mañana estaba más calmada, que no más feliz. Me levanté, me duché, desayuné y me preparé par air al trabajo. Al menos allí sabía a qué atenerme. No vi a Jane, y no era porque me estuviese  evitando. Ella no se levantaba tan pronto. Es lo que tenía trabajar de dependiente en una tienda de ropa para hombres, que se entraba más tarde, se cobraba más y el uniforme le sentaba mejor. Y además, ella tenía coche, así que no tenía que depender del autobús como hacía yo. También ayudaba que fuese domingo. Para algunos, los días de la semana tenían un significado diferente que para el resto de los mortales. Aunque bueno, la hora y veinte minutos que tardaba en llegar al Miami Children´s Hospital siempre me ayudaba a pensar, que remedio, soy de las que no les gusta perder el tiempo. Estaba a unos metros de mi parada cuando oí que alguien gritaba mi nombre. ¿Noah pasaba a verme?, ¿quizás necesitaba arreglar el mal ambiente entre nosotros?. Pues no, el espécimen de hombre que se acercaba a mí trotando, era otro. No pude evitar fijarme, en que las mujeres de la parada del autobús, lo seguían con una golosa mirada, y es que no era para menos, yo misma tenía la boca llena de baba. Por fortuna estaba cerrada. ¿Se podía estar sexy con la ropa empapada de sudor, el rostro congestionado y pantalones anchos y sin forma?. Pues definitivamente sí. Él lo hacía. El sudor hacía que la camiseta azul se pegara a los definidos contornos de su cuerpo, y el pantalón era tan fino, que acariciaba sus muslos reveladoramente. Su pelo tenía las puntas húmedas, y su piel brillaba como si le hubiesen untado con vaselina.

  • ¿Tonny?.-

Llegó a mí y detuvo su carrera. Su respiración era rápida y pesada. Típica de quien había estado corriendo por un buen rato.

  • Pensé que entrabas más tarde al trabajo.-
  • Entro en casi dos horas.-

Le vi alzar las cejas sorprendido.

  • Pues sí que te gusta llegar pronto.-
  • No, pero es llegar 30 minutos antes o 30 minutos tarde. El servicio de transporte urbano no me da mucho donde elegir.-

Le vi frotarse la barba de varios días de su mandíbula. Le quedaba bien, pensé.

  • ¿No te compensaría comprarte un coche?.-
  • Tendría que pensarlo.-
  • ¿Pero…?.-
  • Pero hace mucho que no conduzco, y Miami es demencial a algunas horas.-
  • Si, lo es.-

Le vi sonreír, pero no me paré en pensar como podía saberlo si acababa de mudarse, porque mi autobús estaba parando en la marquesina a 5 metros de mí.

  • Lo siento, pero tengo que irme.-
  • Ups, casi lo olvidaba. Iba a tu casa por algo.-

Metió la mano en una pequeña cremallera que llevaba en su muñequera, y sacó una de mis pinzas para el pelo.

  • Te lo dejaste ayer en la cocina.-
  • Ah, caramba. Ves, esta es otra de las razones por las que no tengo coche. Mi presupuesto se esfuma, en comprar estos pequeños huidizos accesorios para el pelo. Siempre los pierdo.-

Mis palabras se iban alejando de él mientras subía las escaleras del autobús. Las puertas se cerraron detrás de mí, y empezó la marcha. Al otro lado del cristal, Tonny soltaba una risotada y se despedía con la mano.

Ese día, mi trayecto al hospital lo hice con una sonrisa en la cara. La mantuve sin darme cuenta, hasta que escuché el mensaje entrante en mi teléfono. Cuando lo abrí, y lo leí, la sonrisa se esfumó.

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