¡Préstame a tu hermano!

Prólogo

Me llamo Angie, soy auxiliar en la planta de oncología en el Miami Children´s Hospital, y tengo 25 años. Soy una chica normal, sin nada espectacular en su vida. Sólo cosas buenas, cosas malas, y cosas regulares, lo mismo que el resto del mundo. Lo único curioso es el origen de mi nombre; Ángela Chasse. No, no es el apellido Chasse, aunque eso tuvo algo que ver en mi concepción, pero eso es otra historia. Me llamo Ángela por un personaje de una telenovela viejísima; Falcon Crest.  Sí, lo sé. Si curioseáis un poco, descubriréis que Ángela Channing era la mala, malísima. Pero mi madre estaba fascinada por ese personaje, y además, como siempre dice, los malos siempre viven mejor, al menos hasta que llega el final de la telenovela. Si sumamos el tiempo total, arrasan sobre los buenos. Y como mi abuela dice, la vida es muy corta para andar sufriendo. Así que aquí estoy yo, con el nombre de una villana de telenovela, un padre que no llegué a conocer, una madre enamorada más allá de lo normal de Lorenzo Lamas, y una abuela adorablemente terca.

Sí, lo sé, que mi madre esté enamorada de Lorenzo Lamas es sospechoso. Falcon Crest, Lorenzo Lamas… pues sí, todo viene de lo mismo. Y todo por la culpa de una telenovela. Pero de algún modo fue buena para ella, porque aprendió a hablar inglés gracias a eso. Bueno, ella y mi abuela. Sí, soy hija y nieta de inmigrantes. Mejicanos para ser exactos. Mi abuelo llegó muy joven a éste país, y luchó hasta conseguir traer a su familia con él. Quiso hacerlo todo bien, nada de ilegal, porque no quería estar mirando a su espalda a cada paso. Así que llegó con un contrato de trabajo, se dejó la piel, y metió horas para ahorrar lo suficiente. Dejó a la mujer que amaba en Méjico, y volvió dos veces allí para cumplir con la promesa que le hizo al partir. La primera para casarse, y la segunda para formar una familia. Tardó lo suyo, y todos sufrieron, pero al final su sacrificio se vio recompensado. Ahora su familia vivía en estados unidos, bajo el techo que él construyó. Una lástima que ahora no estuviese entre nosotros. Sí, es triste, pero ya he dicho que la vida tiene cosas buenas y cosas malas. Mi abuelo murió hacía casi un año. Un cáncer de pulmón se lo llevó, aunque luchó cada maldito día por estar a nuestro lado. Ahora somos una familia solo de mujeres, como dice la abuela: ella, mi mamá y yo, nadie más. Bueno, tengo un medio hermano por ahí, en la marina, pero eso es otra historia que ya contaré otro día.

En fin. Cómo podéis ver, mi vida tiene lo justo de drama, y lucha, como para llenar lo que me queda aún por vivir. Así que ahora me toca empezar a llenarla con cosas buenas. Dentro de unos días conseguiré mi título de enfermera, y con él espero conseguir un mejor pagado empleo. No es que sea mucho, pero para la abuela y para mí es suficiente. Con su pensión, mi sueldo y la ayuda de mamá, podremos recuperarnos por fin. La enfermedad del abuelo se llevó todos los ahorros, y eso que tenía seguro médico, y yo me ocupé de él como su enfermera. Tuve que dejar aparcados mis estudios de enfermería, y trabajar a tiempo parcial como auxiliar para contribuir con algo de dinero. Fueron 14 meses duros. Desde el momento que el abuelo empezó a necesitar ayuda, tuve muy claro que nadie más que yo cuidaría de él. La abuela y él eran demasiado mayores para hacerlo solos. Y no me arrepiento. Me rompió el corazón, me destrozó el cuerpo, pero volvería a hacerlo. Más que mi abuelo, fue mi padre. ¿Puedes amar a alguien que te roba el sueño y la energía?. Rotundamente sí, pregúntale a cualquier madre. Yo ya quería a mi abuelo, pero en esos 14 meses, llegué a respirar por él. Dicen que el amor duele, y doy fe de ello. Y aunque lo haría una y mil veces, no quiero tener que volver a pasar por algo así.

Pero dejémonos de hablar de cosas tristes. Tengo un título de enfermería rozando mis dedos, y ahora también un par de nuevas amigas. Una es enfermera, y se llama María. La otra es un médico, si, lo he dicho bien, médico, y se llama Susan. Lo sé, no es habitual que un médico y enfermera mantengan una amistad, pero si a ellas las funciona, ¿por qué a mí no?.

Cada día que paso con ellas, puedo entender por qué esa atípica mezcla funciona. Les gusta su trabajo, y eso las une más. Pero sobre todo, ninguna de ellas tiene arraigadas los prejuicios sociales de sus posiciones. Susan no es de las que te restriega su título. Tiene un corazón de oro, y ama su trabajo. El dinero y la posición social no significan lo mismo para ella, que para el resto. No tiene prejuicios, ella es lo que es, y con eso la basta. No como el estirado ese de Ken, el medicucho que me hace la vida imposible. Pero hay que aguantar a tipos como ese para cobrar a fin de mes. ¡Qué suerte tiene mi madre!. Ser tu propio jefe tiene sus ventajas, al fin y al cabo. Aunque tenga que levantarse antes que los pájaros para ir al mercado central a hacer las compras del día. ¿No lo había comentado?, mi madre tiene uno de esos “restaurantes con ruedas” como ella lo llama. “El rancho rodante” se llama, y tiene el mejor pollo ranchero que hayas probado en tu vida, en serio. Receta del abuelo. La furgoneta era suya antes, y ella trabajó con él desde que terminó los estudios. Desde que el abuelo enfermó, ella se encargó del negocio. Era divertido verlo con aquella redecilla en la cabeza. Estaba más tostado y arrugado que el propio pollo. 70 años y todavía se movía con agilidad allí dentro. Los echo de menos, a los dos. No, mi madre no está muerta, ella se fue a un apartamento poco después de que el abuelo muriera. Y lo entendí, la abuela y yo lo entendimos. Ella decía que era más cómodo para ella, dormir en un lugar más cercano al mercado, le daría más tiempo de descanso, y ha nosotras no nos despertaría cada mañana al levantarse. Tenemos una casa pequeña, de tuberías viejas, y la ducha a las 4 y media de la mañana era demasiado ruidosa, como para que el resto de seres vivos podamos seguir durmiendo. Los últimos meses, cuando el abuelo estaba con nosotras, dejó de ducharse para no despertarle. Pero la abuela Lupe y yo, sabíamos el motivo real por el que mamá se había ido de la casa; los recuerdos. No podía seguir allí.

Así que allí estábamos la abuela Lupe y yo. Las dos solas, viviendo en una casa pequeña y vieja, que según ella algún día heredaría. Sin mucho valor, pero con unas vistas… ¿He mencionado que se ve el océano?, pues es así. La casa tiene un buen trozo de tierra. A un lado hay bosque bajo, y a lo lejos otra casa, más nueva, y más grande. Al otro, un bosque con árboles grandes. Y al fondo, el océano y sus olas. Estamos en un promontorio, bastante por encima del nivel del mar, y aunque la otra casa está más baja que nosotros, y tiene un bonito acceso a la playa, nosotros no. El abuelo siempre quiso hacer una escalera para la abuela, pero nunca tuvo tiempo ni fuerzas.

Bueno, basta de hablar de cosas del pasado y cosas tristes. Es el momento de ser yo la protagonista de mi vida. Con mi nuevo título, buscaré un nuevo trabajo (cuando termine mis prácticas aquí), y cuando lo tenga, tendré más dinero, y saldré a divertirme como quiere la abuela, y me compraré ropa bonita como quiere mamá, pero no me echaré novio, como quieren las dos. Sí, a la abuela le fue bien, pero a mamá no. Así que si tengo la mitad de oportunidades, mejor me quedo como estoy. Aunque… he visto a Tonny y María, y a Marco y Susan. No sólo son parejas bonitas, hay más. Tienen eso que tenían el abuelo Gabriel y la abuela Lupe. Se miran de esa manera con la que las palabras sobran. Y siento envidia, mucha y triste envidia. Porque sé que yo no voy a conseguirlo. Bueno… Marco y Tonny son hermanos, gemelos para ser exactos. Si tuvieran algún hermano más… quizás…me arriesgaría.

 

Capítulo 1

 

Por mucho que le dé vueltas a la foto que hay en mi teléfono, el resultado es el mismo. Es una catástrofe. El maldito árbol sigue incrustado en el techo de la casa. ¿Y los del seguro dicen que es culpa mía?. Sí, el mantenimiento de los árboles era cosa nuestra, pero desde que el abuelo cayó enfermo, ninguno nos preocupamos en si las ramas habían crecido demasiado, ni de las podas regulares. Sólo la reparación del tejado, ellos sólo cubrían eso. De retirar el árbol tenía que encargarme yo. Una mierda de cheque me querían dar. ¿Con eso qué iba a hacer?.

  • ¡Vaya!, pobre casa.-
  • Lo sé.-
  • No entiendo a la gente que se divierte mandando fotos de las desgracias de los demás.-

Susan se sentó a mi lado y posó el termo de café ante mis ojos. Ummm, olía tan bien. Era culpa de ella que me hubiese hecho adicta a ese café. ¿Y los dulces de María?, esos eran un pecado. Menos mal que yo tenía también algo que aportar. Saqué la bolsa de debajo de la mesa y retiré la tapa del tupperware. Sándwiches de pollo (receta de la abuela, es decir, hecho con los restos del pollo ranchero del día anterior. En mi casa no se tira nada).

  • Esta es mi casa.-
  • ¡¿Tú casa?!.-

Me retiró el teléfono para echar un vistazo más a fondo.

  • ¡Santa Madonna!.-
  • Eso te lo ha pegado un italiano que yo sé. ¿Qué pasa para que nombres a la virgen?.-

María acababa de llegar, y tomaba la silla que quedaba libre en nuestra mesa. Sonreía de esa manera que decía que sabía lo que “ese” italiano y ella hacían.

  • Mira como está la casa de Angie.-

Le pasó mi teléfono y María abrió los ojos como platos.

  • ¡Madre mía!, qué estropicio.-
  • Con la temporada de lluvias encima, tendrás que meterle caña al seguro para arreglar eso bien rápido.-
  • No me hables de los del seguro. Esos impresentables no se hacen responsables de los daños por falta de mantenimiento.-
  • ¿Qué quieres decir?.-
  • Que me dan una mierda de indemnización, que no llega casi ni para cubrir la reparación. Los muy hijos de… dicen que del árbol me encargue yo.-
  • ¡¿Qué?!.-
  • No pueden hacer eso. Yo los demandaba.-
  • Sí, ya. Pero pasan dos cosas; primero, el hacerlo me puede suponer más gastos de lo que realmente sacaría si gano, y segundo, la reparación tengo que hacerla ahora, no cuando el juicio acabe. Y ellos lo saben.-
  • Se las saben todas.-
  • Odio que se aprovechen de la gente.-
  • Sí, bueno. Mi problema ahora es como quitar ese maldito árbol del techo de mi casa, arreglar el tejado, y hacerlo antes de dos días.-
  • ¿Dos días?.-
  • La predicción meteorológica dice que se acerca otra ciclo génesis de esas.-
  • No puedes vivir allí. Cúbrelo todo y ven a vivir con nosotros mientras pasa. A Tonny y a mí nos encantaría tenerte en casa.-
  • Sí, María tiene razón. Hoy es viernes. Es prácticamente imposible que encuentres a alguien que arregle ese tejado en fin de semana. –
  • Ese no es mi mayor problema.-
  • ¿Hay más?.-
  • Vivo con mi abuela Lupe. Esa casa la construyó mi abuelo con sus propias manos, y se niega a pasar una noche fuera de ella.-
  • Tu abuela tiene que entender, que estar allí puede ser peligroso para ella.-
  • El caso no es que no comprenda, es que no quiere.-
  • Es terca.-
  • Como una piedra.-
  • Y si la sedamos y la sacamos de allí.-
  • Tiene 72 años, no puedo medicarla con tanta impunidad. Y además, es lista como un zorro. Lo intentamos cuando el abuelo enfermó, pero se dio cuenta. Mi madre dice que es medio bruja.-
  • Entonces tendremos que encontrar otra solución.-
  • Os agradezco vuestro interés, pero es un problema con el que me tengo que hacer cargo yo. –
  • ¿Y tu familia qué dice?.-
  • Mi madre ya tiene suficiente con sacar adelante el negocio del abuelo. No necesita más problemas difíciles de resolver.-
  • Entonces tendremos que hacerlo nosotras.-
  • Ya te he dicho…-
  • Oh, ¡cállate!, aceptar nuestra ayuda no va a matarte. ¿Somos amigas o no?.-
  • Sí, pero…-
  • María tiene razón. Los amigos se ayudan. Si necesitas una mano, aquí estamos.-
  • ¡Ah, eso es!.-
  • ¿Qué estás pensando?.-
  • Pues en eso en echar una mano. Tonny es un experto en rescates y casas, seguro que sabe lo que hay que hacer, para quitar ese trozo de madera asesino de tu tejado.-

María empezó a teclear en mi teléfono, se envió la fotografía de mi tejado, y después se puso a trabajar sobre su teléfono con rapidez.

  • Ya está, seguro que enseguida tengo una solución.-
  • ¿Qué quieres decir?.-
  • Que Tonny está hoy en la estación de bomberos, y si él no da con una solución, seguro que alguno de sus compañeros lo hará.
  • Estás muy segura.-
  • Se lo que tengo en casa. Ves, ya ha contestado. Dice que con una moto sierra y algunas herramientas más, puede hacerse cargo de ello. Sólo serían necesarios varios tipos fuertes.-
  • Eso es lo que no hay en mi familia, ni tipos ni fuertes. Sólo somos la abuela Lupe, mi madre y yo.-
  • Mañana sábado yo trabajo, así que no tengo ningún problema en prestaros a Marco. Ya tienes a dos tipos fuertes.-
  • ¿Así, sin consultarle?.-
  • Yo también sé lo que tengo en casa.-
  • No sabéis la suerte que tenéis de tener unos chicos tan dispuestos a ayudar.-
  • Yo no diría que dispuestos sea la palabra. Yo lo orientaría más a “fáciles de convencer”.-
  • ¿Fáciles de convencer?.-
  • No sabes lo que son capaces de hacer por unos zapatos de tacón bien altos.-
  • ¿Eh?.-
  • No preguntes.-
  • Vale. –
  • Bien, ya tenemos dos. Ahora necesitamos a alguien que se encargue de ese tejado y que sepa lo que hace. Llamaré a mi padre. Es un buen carpintero, seguro que no tiene problemas con ello.-

María se puso a mandar mensajes mientras hablábamos. ¿Podría ser así de fácil?. ¿Tendría el problema resuelto antes de que me alcanzara la catástrofe?.-

  • Ahá. Listo.-
  • ¿Haríais eso por mí?, ¿me prestaríais a vuestros novios y padre para esto?.-
  • Oh, y a mi hermano. Ya me ha confirmado que vendrá también.-
  • ¿También tu hermano?,¿ me prestas a tu hermano?.-
  • ¡Pues claro!, pero no me los desgastes mucho.-
  • No … no sé como podré pagaros, a todos.-
  • Tu dalos bien de comer, y del resto nos iremos encargando sobre la marcha.-

La vi coger uno de los sándwiches y darle un buen mordisco.

  • ¡Dios, esto está de muerte!.-
  • Le diré a mi mamá que traiga comida para todos, por eso puedes estar tranquila.-
  • ¿Habrá de este pollo tan rico?.-
  • Habrá todo lo que puedas comer, me encargaré de ello.-
  • Bien, entonces está decidido. Tú te encargas de la comida, y nosotros de los chicos fuertes.-
  • También tengo las herramientas del abuelo.-
  • Vale, herramientas y comida. ¡Ves!, sólo necesitabas chicos fuertes. Y de esos nosotras tenemos de sobra.-
  • No sé cómo voy a devolveros el favor, pero lo haré.-
  • Va, no digas tonterías. Para esto están las amigas.-

María podía decir lo que quisiera, pero me acababan de salvar de la mayor crisis a la que no podía enfrentarme. Les entregaría a mi primogénito por ello. Encontraría la manera de saldar esa deuda, lo haría.

  • No se hable más. Este sábado, reunión familiar; trabajo y comida. A mí me parece un buen plan.-

Capítulo 2

Miré al cielo y respiré profundamente. El clima nos iba a respetar, al menos eso presagiaba el cielo despejado. Aún no podía creer lo fácil que había resultado todo, aunque todavía sentía el temblor de mis hombros. No, no estaría tranquila hasta que el trabajo estuviese hecho.

  • ¿Y cuando dices que llegan tus amigos?.-
  • Espero que pronto, abuela.-

En otro momento la habría acercado a mí, aferrado sus delgados hombros bajo mí brazo, y la hubiese metido la nariz en ese estirado moño de pelo gris. Pero hoy no, no podía transmitirle esa seguridad ni esa jovialidad que ni yo misma tenía. Para mí, era suficiente con parecer entera y tranquila. Por eso tenía los puños bien enterrados en los bolsillos de mis gastados jeans. “Va a salir bien, va a salir bien”, repetía ese mantra una y otra vez en mi cabeza, intentando empaparme de él.

Sentí el tirón de mi camisa cuando la abuela se paró frente a mí. Miré hacia abajo, intentando sonreír.

  • He preparado limonada. Seguro que tus amigos tendrán calor hoy.-
  • Una gran idea, abuela.-

Escuchamos los motores entrando por la verja de madera, al otro lado del césped de la entrada. Empecé a contar los vehículos, uno, dos, dos coches, y una moto. María saltó de un Suv precioso, de esos extranjeros, del que también salieron tres hombres más. ¿Tres?. Dos de ellos los conocía. Era difícil pasar por alto a los gemelos Di Ángello. Sí, me quedé con el nombre. Yo soy Ángela, ellos Ángello, difícil no hacerlo. El otro hombre, era una versión más mayor de ellos. De la otra furgoneta, salió un hombre de pelo muy oscuro y rasgos claramente latinos. Y de la moto, no pude ver al de la moto. Se había metido a sacar algo de la parte trasera de la camioneta del hombre mayor latino.

  • Hola, ya estamos aquí.-
  • Hola, bienvenidos.-
  • Bueno, las presentaciones. Estos son Tonny y Marco, pero seguro que los recuerdas.-
  • Sí, os he visto alguna vez por el hospital.-
  • Hola.-
  • Hola, bonito lugar.-
  • Gracias. –
  • Y este apuesto madurito es mi suegro, Tomasso.-
  • Puedes llamarme Tom.-
  • Mucho gusto.-
  • María me dijo que la comida estaba aquí, así que si la comida está aquí, yo vengo aquí.-
  • Comerá todo lo que quiera.-
  • Ah, este señor tan guapo, es mi padre, Manuel, y este chico aún más guapo, que viene detrás, es mi hermano Alex.-
  • Es un placer. Gracias a todos por venir en mi ayuda, no saben el enorme favor que me hacen. Ah, yo soy Angie, y esta señora tan dulce es mi abuela Lupe. Todo lo que necesitéis, pedírnoslo.-
  • Bien, ¿dónde está ese árbol que vamos a trinchar?.-
  • Aquí detrás. Seguidme.-
  • Yo voy a hacer más limonada. Creo que la que tengo no va a ser suficiente.-
  • Oh, de acuerdo abuela.-

Hice un gesto con la cabeza, y ella se metió en la casa. Si de algo presumía, era de ser una gran anfitriona, y seguro que al ver a aquellos hombres, pensó lo mismo que yo. Son muchos y muy grandes. Hay que tenerlos llenos y contentos. Empecé a caminar por el costado de la casa, cuando noté el brazo de María enredarse en mi codo. Decir que el temblor había desaparecido, era mentira. Sí, habían llegado, pero ¡madre mía lo que había llegado!. Decir que los Di Ángello eran atractivos, era quedarse corta. Ver a ese bombero en jeans y camiseta era…. Incendiario. El gemelo tampoco estaba nada mal. Y el padre, bueno, de algún sitio tenían que haber sacado ese estupendo material genético. De todos ellos, el padre de María era el más normalito, aunque tampoco desmerecía. Sus ojos eran increíblemente negros e intensos, y su boca tenía unos labios carnosos, que María había heredado. Bueno, María y su hermano. Que… ¡vaya con su hermano!. Le sacaba una cabeza a su padre. ¿Qué sería, metro noventa?. Botas de motero, jeans desgastados, camiseta negra y ceñida, bastante usada por lo que parecía, chaleco de cuero negro, y un tatuaje que asomaba bajo una manga en su bíceps derecho. Era para cortar la respiración. Guapo, no, esa palabra no le definía. Él era de esos hombres, que no chico, que entraba en un bar y no podías dejar de mirarle. Era una mezcla de cruda masculinidad, con sexo duro y salvaje. Uf, demasiado para mí. Pero lo que me había desestabilizado, era la primera imagen que se mezcló en mi cabeza. ¿He dicho que mi madre era fan, fan, de Lorenzo Lamas?, pues bien. He visto un enorme póster de ese tipo pegado en la pared de su habitación por como… uf, ¿15 años?. Y juro que era él. Alex Castillo era “el renegado”. Sí, ese personaje que hizo Lorenzo lamas en los 90. Moto, melena al viento, barba de cuatro días, bíceps de acero… sexo sobre ruedas. Bueno, si tengo que reconocer que no son tan, tan idénticos. Los ojos de Alex no son tan pequeños, y sus facciones son algo diferentes, pero… ¡Dios!, cuando mi madre lo viera, se le caerían las bragas. ¡Su Lorenzo Lamas en casa!. Bueno, Alex es más… mucho más… ¿cómo decir que está mucho mejor?.

  • ¡Wow!, esto es… es precioso.-

Miré hacia el océano. Sí, sabía lo que María estaba viendo. Una enorme superficie de césped, quizás demasiado crecido, con una enorme rosaleda delimitando el final, y más allá, el increíble mar turquesa. A la derecha, bosque bajo, y a la izquierda, un grupo de árboles, y uno de ellos fuera de su sitio, echando la sienta sobre mi tejado.

  • Sí, lo sé. El abuelo compró la finca hace casi 50 años. Se enamoró del lugar, nos dijo. Después construyó la casa, poco a poco.-
  • Creo que le entiendo. Levantarse con estas vistas, cada día….-
  • Sí, es genial. Sobre todo si te olvidas de las goteras, de las tuberías gritonas y de la electricidad que se va cuando quiere. Pero el resto, es perfecto.-
  • Oh, no seas quejica. De las goteras venimos a encargarnos nosotros, ¿verdad chicos?.-

Ninguno de ellos estaba mirando a las goteras. Y podía entenderlos. Yo viví allí toda mi vida, y aún me sentaba en el porche trasero a observar el mar durante horas.

  • Eh…sí…goteras…vamos a por ellas.-

Lentamente empezaron a centrarse en el enorme árbol caído sobre el costado izquierdo del tejado. Justo encima de la habitación de la abuela. La había convencido de mudarse a una de las otras dos habitaciones al otro lado de la casa, más pequeñas sí, porque en el mismo espacio de la suya, el abuelo había sacado un cuarto para mi mamá, y otro para mí. Ahora la abuela dormía en el de mi madre, pero sabía que en cuanto el agujero estuviese tapado, volverá a su cuarto. Sólo lo abandonó el período que yo dormí junto a él. Por aquel entonces habíamos metido en esa habitación las dos camas pequeñas. Cuando hay poco dinero, hay que adaptarse. La cama grande, pasó a mi cuarto, donde ocupaba casi todo el espacio. Y las dos camas pequeñas, la de mi madre y la mía, habían ido a quedarse en la habitación de los abuelos. La abuela y mi madre dormían juntas en la cama grande. Después de que el abuelo muriera, la cama grande volvió a la habitación principal, y con ella la abuela. Mi madre no volvió a dormir en su cama desde entonces. Si tienes curiosidad, no, el abuelo no murió allí, lo hizo en un hospital, conectado a un enorme respirador, y cargado de morfina. Cuando el árbol cayó, conseguí meter a la abuela en la vieja cama de mi madre, tarea titánica. Casi no dormí la noche del jueves, y con los nervios casi no lo hice la del viernes. Pero lo haría esa noche. Con el problema solucionado, mis nervios me dejarían dormir.

  • Tengo que subir allí arriba para ver cómo podemos cortarlo.-
  • Hay una escalera y herramientas en la caseta.-
  • Vamos a ver que tienes.-

Caminé hasta la caseta seguida por Tonny y los dos Castillo, el resto se quedó junto al árbol. Tardé un poco en abrir la puerta, pero es lo que pasa cuando esa puerta no se abría en años.

  • Vaya, tienes de todo aquí dentro.-
  • Mi abuelo siempre se ocupó de las reparaciones y del mantenimiento.-
  • Aquí tienes una buena mesa de carpintero.-

Manuel castillo examinaba la superficie de madera con apreciación, Alex la miraba con la cabeza inclinada, pero no parecía pensar en nada en concreto. Tonny revisaba la maquinaria bien ordenada en las estanterías y altillos.

  • Me llevaré la escalera y la sierra mecánica. Si necesitamos algo más, ya sabemos dónde encontrarlo.-
  • Lo que necesites.-

Caminé hacia afuera y esperé a que todos salieran para cerrar la puerta. Era la costumbre, el abuelo la cerraba siempre. Creo que quería evitar la tentación de su revoltosa única nieta. Tonny y Manuel salieron con una escalera y la sierra. Esperé a Alex, pero este se había quedado dentro. Cuando metí mi cabeza allí, lo sorprendí inspeccionando el lugar con  calma. Sus manos estaban metidas en los bolsillos traseros de sus pantalones, sus ojos repasaban cada superficie del taller del abuelo. No se giró hacia mí, pero él sabía que lo estaba observando. Escuchar su voz, dirigida a mí, me hizo dar un pequeño salto sobre mis pies.

  • Tu abuelo tiene una buena colección de herramientas aquí.-
  • Le gustaba trabajar la madera.-

Se giró hacia mí, posando aquellos ojos color avellana en los míos. Cuando alguien te mira de esa manera sueles evitar la mirada, o al menos eso suelo hacer yo. Pero en aquella ocasión, no pude. Algo, no sé el qué, me mantenía petrificada. Estaba atrapada, no podía moverme.

  • Ya me comentó mi hermana que él construyó la casa.-
  • Sí. Tardó unos cuantos años, pero lo hizo solo.-

No dijo nada, tan solo asintió con la cabeza, y empezó a salir fuera. Me aparté, y cerré la puerta tras de mí, aunque no la aseguré. Sabía que tendríamos que volver allí en algún momento. Mientras caminaba, noté un escalofrío recorrer mi espalda. No, no se había ocultado el sol detrás de una nube.  Fue por culpa de aquel hombre, que caminaba unos pasos por delante de mí. El hermano de María era raro, muy raro. Aunque no sabría decirte por qué. Había algo en él…

Capítulo 3

Alex

Cuando mi hermana me metió en esta batalla, supe que era por una buena causa, y que no podía librarme. Si había algo que hacía bien María, era oler a una persona que necesitaba ayuda, y esa familia la necesitaba. Y lo otro que hacía bien mi hermana pequeña, era conseguir que hiciera lo que ella quisiera. Nunca pude decirle que no a nada. Cuando estábamos llegando a la propiedad, pensé que era una zona de ricos, pero a medida que avanzamos, vi que el asfalto de la carretera empeoraba. La verja de madera que delimitaba la propiedad era demasiado sencilla. Luego, aquella pequeña casa me convenció del todo. No, no era un lugar de ricos. Seguramente la propiedad valdría un dineral, y alguien con dinero se construiría una mansión espectacular en ella. Pero de momento, aquel increíble paisaje era territorio casi virgen. Que una joya así estuviera en manos de gente sencilla, era algo asombroso ya de por sí. El océano tenía aquel color que sólo he visto en Miami. Ya, lo sé, me estoy poniendo filosófico y todo ñoño, y eso no me pega. Pero ese es mi secreto. Me puede gustar conducir mi moto, saborear una buena cerveza fría directamente de la botella, mientras espero mi hamburguesa con queso de la barbacoa del tío Alejandro, pero no por ello dejo de ser una persona sensible, alguien que puede apreciar la belleza de todas las cosas. La abuela caridad siempre ha dicho que tengo alma de artista, porque aprecio cosas que pasan desapercibidas para otros. La verdad, es que me fijo en los detalles que otros pasan por alto. Cuando junto todas las pequeñas pistas, es como si me hablaran. ¿Cómo explicarlo?. Por ejemplo, la casa. Es pequeña, el tamaño justo para una pequeña familia, sin pretensiones. Pero también dice que no había mucho con lo que contar. Es robusta, aunque bonita. El que construyó esa casa quiso que aguantara muchos años, que fuera resistente, que protegiera a su familia. También había mucho amor en ella, con cuidados detalles para hacerla hermosa a la vista, para que agradara a una mujer. El que hizo aquella casa, la hizo con amor, porque le gustaba lo que hacía, y porque amaba a aquellos que iban a vivir en ella. Sí, lo sé, divago un poco, no necesito saber todas esas cosas para quitar un maldito árbol y arreglar un tejado. Pero soy así. Puedo no hablar mucho a veces, pero mi cabeza siempre está dando vueltas. Como con esa chica, la amiga de María. Angie. Sí, recuerdo su nombre. Es mi cruz, tengo mucha memoria, y soy muy inteligente. Que trabaje en un taller mecánico, instalando equipos de sonido puede parecer poco para alguien con mis capacidades, pero considero que trabajar en algo que te gusta, compensa el sueldo que no gano. Calidad de vida lo llamo.

A lo que iba, Angie. No es que me diera lástima, o tal vez sí, no lo sé exactamente. Tenía ojeras bajo sus ojos, y su cuerpo parecía cansado y tenso, casi al borde del colapso. Era como un cachorrito mojado y agotado, después de caminar varios kilómetros bajo un aguacero, que llega a una puerta buscando refugio. ¿Quién podría resistirse a secarlo, darle de comer, y ponerle una mantita cerca del fuego?, pues eso. Es imposible no querer ayudarla.

Cuando vi el interior del taller del abuelo, noté algunos detalles interesantes. Aquel hombre era ordenado, concienzudo y disfrutaba trabajando la madera. En una esquina, había un “pasamanos” a medio hacer. ¿Qué le habría impedido terminar aquello?. Las preguntas empezaron a bombardear mi cabeza, pero como siempre, las aparté a un lado. Había ido allí a realizar un trabajo, lo demás era secundario.

  • ¡Mierda!, necesitamos cortar antes lar ramas pequeñas de arriba. ¿Hay alguna sierra pequeña entre las herramientas de tu abuelo, Angie?.-
  • Creo que tenemos una pequeña podadora para lar ramas altas. Voy a buscarla.-

Sí, la había visto. Y sabía que estaba en un lugar que ella no iba a alcanzar. Así que pegué un salto, y empecé a caminar detrás de ella.

  • Te acompaño.-

Ella asintió, y empezó a caminar delante de mí. Su actitud no me sorprendía, me había pasado antes. Sé que daba la imagen de tipo duro, en gran parte porque lo era, pero ella tendría que aprender a confiar en mí, no iba a hacerla daño ni nada de eso, y tenía que darse cuenta lo antes posible, si no, no podría dejar de andar tensa alrededor nuestro, bueno, mío. ¿Por qué mierda me importaba a mí eso?, yo solo iba a reparar su tejado y luego me largaría.

  • Allí arriba.-
  • Lo veo.-

Me estiré, y saqué la herramienta con cuidado. Sí, soy un tipo duro, pero hasta las cuchillas de una podadora me pueden cortar algo que me interese conservar, ya se sabe, dedos, orejas, el cuello, cosas de esas a las que tengo aprecio.

  • Vaya, no he visto muchas de estas.-
  • El abuelo la usaba para cortar las ramas altas de los árboles. Él se encargaba de la poda.-
  • Se tomaba en serio su trabajo.-
  • Siempre decía, que si vas a hacer algo, mejor hacerlo bien.-
  • Buena filosofía.-

Y sonrió. Una sonrisa pequeñita, tímida, pero sincera y amable. Sí, eso estaba bien, íbamos por el buen camino. Tenía una sonrisa bonita, muy bonita. Habría que hacerla salir más a menudo.

  • Hola Angie.-

Un tío apareció de la nada, y aunque parecía que Angie le conocía, no pude evitar notar que se puso tensa.

  • Hola, Gus. ¿Cómo tu por aquí?.-
  • Había oído que sufriste destrozos con la tormenta del jueves, y venía a ver si necesitabas ayuda. Pero veo que ya lo tienes cubierto.-
  • Eh, sí. Unos amigos han venido a ayudarme con ello.-
  • Eh, también quería preguntarte por lo de la graduación.-
  • Nos veremos allí, si.-
  • No, quería preguntarte a qué hora paso a recogerte.-

Ahí estaba, ese gesto que ese idiota tenía que interpretar, y que parecía no ver. Cuando una chica mira hacia el suelo, cierra los ojos, y se aprieta la base de la nariz con dos dedos… eso quiere decir que te han dicho algo que no has querido entender.

  • No voy a ir contigo, Gus.-
  • ¿Por qué?, ¿a caso vas a ir con él?.-
  • No voy a ir con él. Y tampoco tendría que darte explicaciones de con quien vaya o deje de ir.-
  • Deberías.-

Hasta ahí, hay veces que hay que dejar las sutilezas y decir las cosas directamente. Y si ella no lo hace… quizás necesite una ayuda.

  • Ella ha dicho que no va a ir contigo. Punto. Si nos disculpas, estamos trabajando.-
  • Es mi novia, tengo derecho a saber algunas cosas. Como el hecho de que tú estés aquí, ayudándola, cuando debería ser yo.-
  • No… soy… tu novia.-
  • Hemos estado saliendo.-
  • Dos citas, Gus. Salimos en dos citas, hace dos meses. Eso no nos convierte en novios, ni significa que estemos saliendo.-
  • Han sido más de dos veces, Angie.-
  • Intercambiar apuntes, y coincidir en la biblioteca para estudiar, no es salir, Gus.-
  • ¿Así me agradeces mi ayuda con los exámenes?.-
  • Intercambio de apuntes. Me prestas, te presto. Nada más.-

Suficiente, el tipo no quiere entender, y yo no tengo paciencia.

  • Bien Gus, creo que ya ha quedado todo claro. Angie no es tu novia, y no va a ir contigo a la graduación. Así que ya puedes irte, y dejarnos en paz.-
  • Vas a ir con él.-
  • No voy a…-
  • Sí, va a ir conmigo. ¿Algún problema?.-

Sé que si me planto delante de ese tipo, y le miro directamente a los ojos, de esa manera que dice “me estás empezando a tocar las pelotas, y no soy de esos tipos a los que les gusta que les toquen las pelotas”, seguro que entenderá que no es bueno seguir por ese camino.

  • No, ninguno.-

Genial, el tipo recula un par de pasos, se gira y sale por patas. Sin despedirse, un grosero, o un gallina con prisa, o las dos cosas, me da igual, el caso es que por fin ha dejado de dar la lata.

  • Lo siento.-
  • El idiota es él, no tú. No tienes que disculparte.-
  • Será mejor que llevemos eso a Tonny.-

Asiento, y caminamos de nuevo a la parte de atrás de la casa.

 

  • ¡La leche!, ¡que pedazo máquina!.-

Tonny se estiró para cogerla y comprobar el mecanismo, y cuando la hizo sonar, su cara se iluminó con una sonrisa de niño de tres kilómetros de ancho. Sí, este tío era de los míos. Danos un juguete nuevo, y nos haces felices.

Cinco tíos grandes, con dos escaleras, una sierra mecánica, una podadora y herramientas, muchas herramientas. Aquello era una fiesta.

 

Capítulo 4

Hacía mucho tiempo que so se oía reír a un hombre en nuestra casa, y mucho menos a cinco. Incluso la abuela Lupe se animó y puso la radio. En cuanto las rancheras sonaron en la parte de atrás de la casa, no pude evitar reírme a carcajada limpia. Ver la cara de esos pobres hombres… Tonny era un poema, creo que nunca antes había oído una ranchera. Marco enseguida empezó a reírse como yo, estaba doblado por la mitad, intentando no soltar la escalera que sostenía para su hermano. Tom empezó a sonreír, sacudiendo su cabeza al ritmo alegre de la radio. Parecía como si aceptara la invitación de la abuela, sin importarle desconocer lo que decía la letra de las canciones. Y Alex, bueno, Alex simplemente alzó una ceja, inclinó la cabeza ligeramente, y después de unos segundos, la sacudió y empezó a sonreír. Algo me decía que se había parado a escuchar lo que gritaba el cantante, y después de entender de qué iba el asunto, decidió que era divertido.

  • Está empezando a picar este maldito sol.-

María llegó hasta mí con un vaso de limonada fresquita. Maldita sea si tenía razón. Yo solo estaba sujetando el tronco del árbol desde abajo, para que no se balanceara mientras cortaban las ramas, y eso ya me estaba haciendo sudar como un cerdo.

  • La abuela dice, que cuando pica así, acabará lloviendo.-
  • Entonces será mejor que estos chicarrones se den prisa.-

La melodía de “la cucaracha” llegó desde el camino de entrada. Todas las cabezas se alzaron curiosas y sorprendidas. Sí, mi madre sabía cómo hacer una entrada triunfal, aunque no supiera que lo estaba haciendo. El reclamo de “la cucaracha” era su carta de presentación, allí donde fuera. Sus clientes lo oían, y sabían que su comida llegaba. Y cómo no, cuando llegaba a casa, “la cucaracha” saludaba a todos diciendo, “eh, Carmen Morales ha llegado a casa”. Nunca antes había cuestionado aquella costumbre, al fin y al cabo, el abuelo lo había hecho desde el día que compró aquella furgoneta.

  • Llega la comida, ¿Quién tiene hambre?.-
  • Más vale que sea mucho, porque tengo más hambre que un perro callejero.-

Los chicos empezaron a sujetar las herramientas, y supongo que después bajarían de las escaleras. No me quedé a mirar. Entré en la casa y llegué a la cocina. Mi madre entraba por la puerta principal con un enorme contenedor.

  • Ya estoy aquí, ¿dónde están esos chicos hambrientos?.-
  • Hola, mamá, ahora llegan.-
  • ¿Qué hay de comer?.-
  • Ah, aquí… oh, Dios… es.. Lorenzo, …-

Lo sabía, cuando mi madre viera a Alex, todos sus sueños de infancia se verían realizados. ¿Cuántos años tenía cuando se enamoró perdidamente de Lorenzo Lamas, 10?. Podía imaginar cómo se sentiría. Mi flechazo fue con Brad Pitt. Desde que lo vi en “Troya”, me obsesioné con él. Desde eses día, rebusqué en todas las biografías que encontré de él, vi todas sus películas, e incluso tenía mi carpeta de instituto forrada con su foto. Verlo ahora, en mi cocina, todo sudado y sonriendo…. Me daría un infarto, seguro.

  • Mamá, este es Alex, el hermano de mi amiga María.-
  • Encantado de conocerla, señora.-
  • Carmen…. Soy Carmen.-
  • Es un placer.-
  • Y estos dos chicos son Tonny y Marco, y no, no estás viendo doble, son gemelos.-
  • Ah,..-
  • Mucho gusto.-
  • Este es su padre, Tom y este otro es el padre de Alex, Manuel.-
  • Encantado de conocerla.-
  • Llevamos toda la mañana haciendo méritos para esa comida, ¿dónde está?.-

Mi madre estaba en shock, pero aún así, consiguió mover su dedo y señalar el contenedor. No, no creo que pudiese hacer mucho más, así que me fui hacia la enorme caja, y la destapé. Enseguida el delicioso olor al pollo asado invadió la cocina.

  • Ummmm, huelo a cielo.-
  • Para ti siempre es el cielo si huele a comida, papá.-
  • Solo si es buena, Tonny, sólo si es buena. –
  • Umm, sea lo que sea, yo quiero dos.-
  • Creo que mi madre ha traído bastante. Ir sentándoos a la mesa que os voy sirviendo.-
  • ¡Eh!, dejar algo para mí, glotones.-
  • Ah, esta es María.-
  • Mucho gusto, señora.-
  • Ven, siéntate aquí. Te he guardado un sitio junto al mío.-

Tonny retiró la silla para ayudar a su prometida a sentarse. Sí señor, estaba bien educado. ¿Por qué no tenían un hermano?. Por más pucheros que hiciese, no se iba a obrar el milagro.

Había mucha hambre en aquella cocina. Creo que iban por la mitad del plato, cuando mi madre parpadeó por fin. Sí, una vez que pasa el shock, viene la aceptación, y después… “Señor, que no se ponga histérica, que no se ponga histérica”, repetirlo muchas veces no iba a hacer que ocurriera, pero tenía que intentarlo.

  • Es…es tuya la moto de fuera, supongo.-
  • Sí, señora.-
  • Carmen, llámame Carmen.-
  • Sí, Carmen. ¿Te gusta?.-
  • Me encanta.-
  • Esto está deliciosa, Carmen.-
  • ¿Eh?, oh, sí, gracias. Receta de mi padre.-
  • El pollo está crujiente por fuera, y tierno y jugoso por dentro, una delicia.-
  • Lo sé.-
  • ¿Puedo tomar otro trozo?.-
  • Eh, sí, claro.-

Mamá tomó el plato sin prestar atención a Tom. ¿Cómo iba a hacerlo si tenía los ojos pegados en Alex?. Menos mal que él, aunque se dio cuenta de ello, no pareció sentirse incómodo. Tan solo la miró a ella, luego a mí, y después sonrió con picardía y siguió comiendo. Ufff. Podía decir, sin temor a confundirme, que bajo esa fachada de tipo duro, había algo totalmente diferente.

 

Capítulo 5

 

Sé que no íbamos a poder posar mucho la comida, pero esos pocos minutos, fueron un regalo para mis piernas y mis brazos. Si yo estaba así, no podía ni imaginar cómo estarían ellos. María dejó caer su trasero en el peldaño de madera en el que yo estaba.

  • Dos minutos, sólo dos minutos. Lo prometo.-

El teléfono sonó en su bolsillo y al cogerlo su rostro se iluminó.

  • María Castillo….si….¿en serio?, vaya,….si….una lástima…si….seguro….no se preocupen.-
  • ¿Todo bien?.-
  • Odio la temporada de huracanes.-

Me enderecé en mi asiento, y me acerqué un poco más a ella.

  • Parece que todo se pone en nuestra contra. ¡Por Dios!, ¿cómo puede ser tan difícil casarse?.-
  • ¿Qué ha pasado?, cuéntame.-
  • Primero las fechas. O nos casamos dentro de 20 días, o no podremos hacerlo hasta dentro de un año. Cuando consigo convencer al padre Mateo, y encuentro un restaurante, va la tormenta y se carga las dos cosas de un plumazo.-
  • ¿Qué quieres decir?.-
  • Que la tormenta ha tirado parte del campanario de la capilla del padre Mateo, y la van a cerrar para arreglarlo, y al restaurante le ha volado media cubierta del comedor. Seguro que nos han echado un mal de ojo.-

Verla tan triste me partía el corazón. Sé que con Tonny todo fue muy rápido, de la noche a la mañana se hicieron novios, y de ahí a comprometerse….puf, un suspiro. Casi como me habían contado que pasó con Marco, en menos de un mes, pasaron de tener su primera, cita a vivir juntos. Estos italianos no perdían el tiempo. Y así, como quien no quiere la cosa, una idea se abrió camino en mi cabeza. Tenía la solución.

  • ¿Por qué no lo haces aquí?.-
  • ¿Aquí?.-
  • Sí. Ya has visto que hay terreno de sobra para poner una carpa, y un escenario, e incluso unas sillas y un altar. ¿no era esa tu idea?.-
  • ¿Tú crees que…?.-

Sus ojos se iluminaron como dos lamparitas de aceite.

  • No he organizado muchas bodas, pero supongo que no sea difícil de contratar cosas como esas. Tres o cuatro baños portátiles, y un servicio de catering, y ya tienes una boda en marcha.-
  • Suena a posible.-
  • Porque lo es. Y si no consigues el catering, yo sé de alguien que puede hacer todo el pollo ranchero que necesites.-

Los brazos de María se envolvieron en mi cuello con un abrazo asesino. Casi me tiró al suelo, pero no me importó. Estaba feliz, y yo había sido la causa de ello.

  • Dios, eres genial. Mi milagro. ¿Estás segura?.-
  • Totalmente. –
  • Uh, tengo que decírselo a Tonny. Seguro que le gusta la idea.-

Y como si un incendio la persiguiera el trasero, salió corriendo hacia su novio. Tonny se contagió del entusiasmo de María, y la lanzó al aire antes de que terminara de hablar. Bueno, lanzarla al aire no exactamente. Al agarró por la cintura, y se puso a girar con ella en sus brazos, haciendo que su cuerpo se elevara. Era como ver a dos niños grandes divirtiéndose. Cada vez me gustaba más aquel bombero.

Me levanté y fui al encuentro de la abuela. Tenía que darle la notica. Su nieta había vendido su hogar durante un día.

  • Abuela. –
  • Dime, cariño.-
  • Verás, le he ofrecido a María nuestro jardín para celebrar su boda.-

Así, sin rodeos. Como decía la abuela, las noticias se daban así, como se quitaban las tiritas, de un tirón.

  • ¿Eh?.-
  • Te explico. María y Tonny, esos dos que están girando como una peonza en nuestro jardín…- les señalé con el dedo al otro lado del cristal.- Iban a casarse dentro de 20 días. Pero el temporal que tiró el árbol sobre nuestro tejado, destrozó la iglesia en la que iban a casarse, y al restaurante lo hizo volar.-
  • ¡Vaya!, qué tragedia.-
  • Como han sido tan amables de ayudarnos con nuestro problema, sentí que debía ayudarla con el suyo.-

La abuela observó a la pareja con cariño. Estaba claro que a la abuela, igual que todas las mujeres, le cautiva una buena historia romántica, y aquellos dos eran una en carne y hueso.

  • Hiciste bien, sí señor.-
  • Entonces, ¿no estás enfadada?.-
  • No, que cosas tienes. Sabes que esta es tu casa, y lo que quieras hacer con ella está bien hecho.-
  • No es mía, es tuya.-
  • Eso lo arreglo en cuanto cambie las escrituras.-
  • No, abuela, eso no.-
  • Qué más da ahora, o cuando me muera. Si lo hago ahora, no ahorramos mucho papeleo.
  • No abuela, será tuya hasta el día que te mueras.-
  • Eres una cabezona.-
  • Es genético.-

La achuché bien fuerte, y ambas nos giramos para mirar el jardín y la gente esparcido por él, tomando el sol y reposando la comida.

  • Una boda.-
  • Sí.-
  • Hace que no voy a una boda… desde…-

Sabía la respuesta a eso, desde que se casaron ella y el abuelo. Mamá era hija única, y ella nunca se casó. Os preguntaréis de dónde salí yo y mi apellido Chasse. Pues, resumiendo mucho la historia. Mi madre se echó un novio que la dejó embarazada, y que ella sorprendió al poco tiempo tirándose a otra chica. Así que lo mandó a la mierda, pero le obligó a reconocerme, por eso me apellido Chasse. Mi madre me explicó que lo de ser madre soltera… bueno, que no era bien visto por la familia de la abuela, pero como vivían en México, y con ponerme a mí el apellido de mi padre bastaba, pues eso, así se quedó la cosa.

Pero dejémonos las historias viejas en el pasado, donde no molesten. Ahora teníamos una boda que disfrutar y sobre todo, preparar. Miré la vasta extensión de terreno ante mis ojos. Sí, tenía mucho trabajo por delante. La hierba había que segarla, podar un poco  los rosales, y acondicionar la entrada para que aparcaran algunos coches. Muchos no entrarían, pero si alquilaban un par de autobuses… si, esos sí que entrarían. ¿He dicho que teníamos mucho terreno?, pues sí, el abuelo bromeaba diciendo que si lo despejaba del todo, se podría jugar un partido de la super bowl. Solté el aire rápidamente. Un día de estos, estas decisiones precipitadas mías se volverían en mi contra. De momento, sólo podía hacer frente a las consecuencias con el mejor ánimo. Angie, me decía, estarías más guapa con la boca cerrada. Ah, no, nada de arrepentimientos, lo bien hecho, bien hecho estaba, así que al trabajo. Como decían los romanos “quiz pro quo” (una cosa por otra). Ellos me ayudan, yo les ayudo, así de simple.

 

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