¡Préstame a tu hermano!

Prólogo

Me llamo Angie, soy auxiliar en la planta de oncología en el Miami Children´s Hospital, y tengo 25 años. Soy una chica normal, sin nada espectacular en su vida. Sólo cosas buenas, cosas malas, y cosas regulares, lo mismo que el resto del mundo. Lo único curioso es el origen de mi nombre; Ángela Chasse. No, no es el apellido Chasse, aunque eso tuvo algo que ver en mi concepción, pero eso es otra historia. Me llamo Ángela por un personaje de una telenovela viejísima; Falcon Crest.  Sí, lo sé. Si curioseáis un poco, descubriréis que Ángela Channing era la mala, malísima. Pero mi madre estaba fascinada por ese personaje, y además, como siempre dice, los malos siempre viven mejor, al menos hasta que llega el final de la telenovela. Si sumamos el tiempo total, arrasan sobre los buenos. Y como mi abuela dice, la vida es muy corta para andar sufriendo. Así que aquí estoy yo, con el nombre de una villana de telenovela, un padre que no llegué a conocer, una madre enamorada más allá de lo normal de Lorenzo Lamas, y una abuela adorablemente terca.

Sí, lo sé, que mi madre esté enamorada de Lorenzo Lamas es sospechoso. Falcon Crest, Lorenzo Lamas… pues sí, todo viene de lo mismo. Y todo por la culpa de una telenovela. Pero de algún modo fue buena para ella, porque aprendió a hablar inglés gracias a eso. Bueno, ella y mi abuela. Sí, soy hija y nieta de inmigrantes. Mejicanos para ser exactos. Mi abuelo llegó muy joven a éste país, y luchó hasta conseguir traer a su familia con él. Quiso hacerlo todo bien, nada de ilegal, porque no quería estar mirando a su espalda a cada paso. Así que llegó con un contrato de trabajo, se dejó la piel, y metió horas para ahorrar lo suficiente. Dejó a la mujer que amaba en Méjico, y volvió dos veces allí para cumplir con la promesa que le hizo al partir. La primera para casarse, y la segunda para formar una familia. Tardó lo suyo, y todos sufrieron, pero al final su sacrificio se vio recompensado. Ahora su familia vivía en estados unidos, bajo el techo que él construyó. Una lástima que ahora no estuviese entre nosotros. Sí, es triste, pero ya he dicho que la vida tiene cosas buenas y cosas malas. Mi abuelo murió hacía casi un año. Un cáncer de pulmón se lo llevó, aunque luchó cada maldito día por estar a nuestro lado. Ahora somos una familia solo de mujeres, como dice la abuela: ella, mi mamá y yo, nadie más. Bueno, tengo un medio hermano por ahí, en la marina, pero eso es otra historia que ya contaré otro día.

En fin. Cómo podéis ver, mi vida tiene lo justo de drama, y lucha, como para llenar lo que me queda aún por vivir. Así que ahora me toca empezar a llenarla con cosas buenas. Dentro de unos días conseguiré mi título de enfermera, y con él espero conseguir un mejor pagado empleo. No es que sea mucho, pero para la abuela y para mí es suficiente. Con su pensión, mi sueldo y la ayuda de mamá, podremos recuperarnos por fin. La enfermedad del abuelo se llevó todos los ahorros, y eso que tenía seguro médico, y yo me ocupé de él como su enfermera. Tuve que dejar aparcados mis estudios de enfermería, y trabajar a tiempo parcial como auxiliar para contribuir con algo de dinero. Fueron 14 meses duros. Desde el momento que el abuelo empezó a necesitar ayuda, tuve muy claro que nadie más que yo cuidaría de él. La abuela y él eran demasiado mayores para hacerlo solos. Y no me arrepiento. Me rompió el corazón, me destrozó el cuerpo, pero volvería a hacerlo. Más que mi abuelo, fue mi padre. ¿Puedes amar a alguien que te roba el sueño y la energía?. Rotundamente sí, pregúntale a cualquier madre. Yo ya quería a mi abuelo, pero en esos 14 meses, llegué a respirar por él. Dicen que el amor duele, y doy fe de ello. Y aunque lo haría una y mil veces, no quiero tener que volver a pasar por algo así.

Pero dejémonos de hablar de cosas tristes. Tengo un título de enfermería rozando mis dedos, y ahora también un par de nuevas amigas. Una es enfermera, y se llama María. La otra es un médico, si, lo he dicho bien, médico, y se llama Susan. Lo sé, no es habitual que un médico y enfermera mantengan una amistad, pero si a ellas las funciona, ¿por qué a mí no?.

Cada día que paso con ellas, puedo entender por qué esa atípica mezcla funciona. Les gusta su trabajo, y eso las une más. Pero sobre todo, ninguna de ellas tiene arraigadas los prejuicios sociales de sus posiciones. Susan no es de las que te restriega su título. Tiene un corazón de oro, y ama su trabajo. El dinero y la posición social no significan lo mismo para ella, que para el resto. No tiene prejuicios, ella es lo que es, y con eso la basta. No como el estirado ese de Ken, el medicucho que me hace la vida imposible. Pero hay que aguantar a tipos como ese para cobrar a fin de mes. ¡Qué suerte tiene mi madre!. Ser tu propio jefe tiene sus ventajas, al fin y al cabo. Aunque tenga que levantarse antes que los pájaros para ir al mercado central a hacer las compras del día. ¿No lo había comentado?, mi madre tiene uno de esos “restaurantes con ruedas” como ella lo llama. “El rancho rodante” se llama, y tiene el mejor pollo ranchero que hayas probado en tu vida, en serio. Receta del abuelo. La furgoneta era suya antes, y ella trabajó con él desde que terminó los estudios. Desde que el abuelo enfermó, ella se encargó del negocio. Era divertido verlo con aquella redecilla en la cabeza. Estaba más tostado y arrugado que el propio pollo. 70 años y todavía se movía con agilidad allí dentro. Los echo de menos, a los dos. No, mi madre no está muerta, ella se fue a un apartamento poco después de que el abuelo muriera. Y lo entendí, la abuela y yo lo entendimos. Ella decía que era más cómodo para ella, dormir en un lugar más cercano al mercado, le daría más tiempo de descanso, y ha nosotras no nos despertaría cada mañana al levantarse. Tenemos una casa pequeña, de tuberías viejas, y la ducha a las 4 y media de la mañana era demasiado ruidosa, como para que el resto de seres vivos podamos seguir durmiendo. Los últimos meses, cuando el abuelo estaba con nosotras, dejó de ducharse para no despertarle. Pero la abuela Lupe y yo, sabíamos el motivo real por el que mamá se había ido de la casa; los recuerdos. No podía seguir allí.

Así que allí estábamos la abuela Lupe y yo. Las dos solas, viviendo en una casa pequeña y vieja, que según ella algún día heredaría. Sin mucho valor, pero con unas vistas… ¿He mencionado que se ve el océano?, pues es así. La casa tiene un buen trozo de tierra. A un lado hay bosque bajo, y a lo lejos otra casa, más nueva, y más grande. Al otro, un bosque con árboles grandes. Y al fondo, el océano y sus olas. Estamos en un promontorio, bastante por encima del nivel del mar, y aunque la otra casa está más baja que nosotros, y tiene un bonito acceso a la playa, nosotros no. El abuelo siempre quiso hacer una escalera para la abuela, pero nunca tuvo tiempo ni fuerzas.

Bueno, basta de hablar de cosas del pasado y cosas tristes. Es el momento de ser yo la protagonista de mi vida. Con mi nuevo título, buscaré un nuevo trabajo (cuando termine mis prácticas aquí), y cuando lo tenga, tendré más dinero, y saldré a divertirme como quiere la abuela, y me compraré ropa bonita como quiere mamá, pero no me echaré novio, como quieren las dos. Sí, a la abuela le fue bien, pero a mamá no. Así que si tengo la mitad de oportunidades, mejor me quedo como estoy. Aunque… he visto a Tonny y María, y a Marco y Susan. No sólo son parejas bonitas, hay más. Tienen eso que tenían el abuelo Gabriel y la abuela Lupe. Se miran de esa manera con la que las palabras sobran. Y siento envidia, mucha y triste envidia. Porque sé que yo no voy a conseguirlo. Bueno… Marco y Tonny son hermanos, gemelos para ser exactos. Si tuvieran algún hermano más… quizás…me arriesgaría.

 

Capítulo 1

 

Por mucho que le dé vueltas a la foto que hay en mi teléfono, el resultado es el mismo. Es una catástrofe. El maldito árbol sigue incrustado en el techo de la casa. ¿Y los del seguro dicen que es culpa mía?. Sí, el mantenimiento de los árboles era cosa nuestra, pero desde que el abuelo cayó enfermo, ninguno nos preocupamos en si las ramas habían crecido demasiado, ni de las podas regulares. Sólo la reparación del tejado, ellos sólo cubrían eso. De retirar el árbol tenía que encargarme yo. Una mierda de cheque me querían dar. ¿Con eso qué iba a hacer?.

  • ¡Vaya!, pobre casa.-
  • Lo sé.-
  • No entiendo a la gente que se divierte mandando fotos de las desgracias de los demás.-

Susan se sentó a mi lado y posó el termo de café ante mis ojos. Ummm, olía tan bien. Era culpa de ella que me hubiese hecho adicta a ese café. ¿Y los dulces de María?, esos eran un pecado. Menos mal que yo tenía también algo que aportar. Saqué la bolsa de debajo de la mesa y retiré la tapa del tupperware. Sándwiches de pollo (receta de la abuela, es decir, hecho con los restos del pollo ranchero del día anterior. En mi casa no se tira nada).

  • Esta es mi casa.-
  • ¡¿Tú casa?!.-

Me retiró el teléfono para echar un vistazo más a fondo.

  • ¡Santa Madonna!.-
  • Eso te lo ha pegado un italiano que yo sé. ¿Qué pasa para que nombres a la virgen?.-

María acababa de llegar, y tomaba la silla que quedaba libre en nuestra mesa. Sonreía de esa manera que decía que sabía lo que “ese” italiano y ella hacían.

  • Mira como está la casa de Angie.-

Le pasó mi teléfono y María abrió los ojos como platos.

  • ¡Madre mía!, qué estropicio.-
  • Con la temporada de lluvias encima, tendrás que meterle caña al seguro para arreglar eso bien rápido.-
  • No me hables de los del seguro. Esos impresentables no se hacen responsables de los daños por falta de mantenimiento.-
  • ¿Qué quieres decir?.-
  • Que me dan una mierda de indemnización, que no llega casi ni para cubrir la reparación. Los muy hijos de… dicen que del árbol me encargue yo.-
  • ¡¿Qué?!.-
  • No pueden hacer eso. Yo los demandaba.-
  • Sí, ya. Pero pasan dos cosas; primero, el hacerlo me puede suponer más gastos de lo que realmente sacaría si gano, y segundo, la reparación tengo que hacerla ahora, no cuando el juicio acabe. Y ellos lo saben.-
  • Se las saben todas.-
  • Odio que se aprovechen de la gente.-
  • Sí, bueno. Mi problema ahora es como quitar ese maldito árbol del techo de mi casa, arreglar el tejado, y hacerlo antes de dos días.-
  • ¿Dos días?.-
  • La predicción meteorológica dice que se acerca otra ciclo génesis de esas.-
  • No puedes vivir allí. Cúbrelo todo y ven a vivir con nosotros mientras pasa. A Tonny y a mí nos encantaría tenerte en casa.-
  • Sí, María tiene razón. Hoy es viernes. Es prácticamente imposible que encuentres a alguien que arregle ese tejado en fin de semana. –
  • Ese no es mi mayor problema.-
  • ¿Hay más?.-
  • Vivo con mi abuela Lupe. Esa casa la construyó mi abuelo con sus propias manos, y se niega a pasar una noche fuera de ella.-
  • Tu abuela tiene que entender, que estar allí puede ser peligroso para ella.-
  • El caso no es que no comprenda, es que no quiere.-
  • Es terca.-
  • Como una piedra.-
  • Y si la sedamos y la sacamos de allí.-
  • Tiene 72 años, no puedo medicarla con tanta impunidad. Y además, es lista como un zorro. Lo intentamos cuando el abuelo enfermó, pero se dio cuenta. Mi madre dice que es medio bruja.-
  • Entonces tendremos que encontrar otra solución.-
  • Os agradezco vuestro interés, pero es un problema con el que me tengo que hacer cargo yo. –
  • ¿Y tu familia qué dice?.-
  • Mi madre ya tiene suficiente con sacar adelante el negocio del abuelo. No necesita más problemas difíciles de resolver.-
  • Entonces tendremos que hacerlo nosotras.-
  • Ya te he dicho…-
  • Oh, ¡cállate!, aceptar nuestra ayuda no va a matarte. ¿Somos amigas o no?.-
  • Sí, pero…-
  • María tiene razón. Los amigos se ayudan. Si necesitas una mano, aquí estamos.-
  • ¡Ah, eso es!.-
  • ¿Qué estás pensando?.-
  • Pues en eso en echar una mano. Tonny es un experto en rescates y casas, seguro que sabe lo que hay que hacer, para quitar ese trozo de madera asesino de tu tejado.-

María empezó a teclear en mi teléfono, se envió la fotografía de mi tejado, y después se puso a trabajar sobre su teléfono con rapidez.

  • Ya está, seguro que enseguida tengo una solución.-
  • ¿Qué quieres decir?.-
  • Que Tonny está hoy en la estación de bomberos, y si él no da con una solución, seguro que alguno de sus compañeros lo hará.
  • Estás muy segura.-
  • Se lo que tengo en casa. Ves, ya ha contestado. Dice que con una moto sierra y algunas herramientas más, puede hacerse cargo de ello. Sólo serían necesarios varios tipos fuertes.-
  • Eso es lo que no hay en mi familia, ni tipos ni fuertes. Sólo somos la abuela Lupe, mi madre y yo.-
  • Mañana sábado yo trabajo, así que no tengo ningún problema en prestaros a Marco. Ya tienes a dos tipos fuertes.-
  • ¿Así, sin consultarle?.-
  • Yo también sé lo que tengo en casa.-
  • No sabéis la suerte que tenéis de tener unos chicos tan dispuestos a ayudar.-
  • Yo no diría que dispuestos sea la palabra. Yo lo orientaría más a “fáciles de convencer”.-
  • ¿Fáciles de convencer?.-
  • No sabes lo que son capaces de hacer por unos zapatos de tacón bien altos.-
  • ¿Eh?.-
  • No preguntes.-
  • Vale. –
  • Bien, ya tenemos dos. Ahora necesitamos a alguien que se encargue de ese tejado y que sepa lo que hace. Llamaré a mi padre. Es un buen carpintero, seguro que no tiene problemas con ello.-

María se puso a mandar mensajes mientras hablábamos. ¿Podría ser así de fácil?. ¿Tendría el problema resuelto antes de que me alcanzara la catástrofe?.-

  • Ahá. Listo.-
  • ¿Haríais eso por mí?, ¿me prestaríais a vuestros novios y padre para esto?.-
  • Oh, y a mi hermano. Ya me ha confirmado que vendrá también.-
  • ¿También tu hermano?,¿ me prestas a tu hermano?.-
  • ¡Pues claro!, pero no me los desgastes mucho.-
  • No … no sé como podré pagaros, a todos.-
  • Tu dalos bien de comer, y del resto nos iremos encargando sobre la marcha.-

La vi coger uno de los sándwiches y darle un buen mordisco.

  • ¡Dios, esto está de muerte!.-
  • Le diré a mi mamá que traiga comida para todos, por eso puedes estar tranquila.-
  • ¿Habrá de este pollo tan rico?.-
  • Habrá todo lo que puedas comer, me encargaré de ello.-
  • Bien, entonces está decidido. Tú te encargas de la comida, y nosotros de los chicos fuertes.-
  • También tengo las herramientas del abuelo.-
  • Vale, herramientas y comida. ¡Ves!, sólo necesitabas chicos fuertes. Y de esos nosotras tenemos de sobra.-
  • No sé cómo voy a devolveros el favor, pero lo haré.-
  • Va, no digas tonterías. Para esto están las amigas.-

María podía decir lo que quisiera, pero me acababan de salvar de la mayor crisis a la que no podía enfrentarme. Les entregaría a mi primogénito por ello. Encontraría la manera de saldar esa deuda, lo haría.

  • No se hable más. Este sábado, reunión familiar; trabajo y comida. A mí me parece un buen plan.-

 

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